Interpretar a Bárbara ha sido complicado, es un personaje muy alejado de mi forma de ser. Pero es, por otro lado, un placer porque te permite jugar mucho más.
• ¿Su personaje va en busca de la propia identidad?
Es una luchadora, como todas la mujeres. Es muy generosa y decide trabajar para que su marido pueda labrarse una carrera. Más tarde decide quedarse en casa cuidando a sus hijos y cuando ellos se hacen mayores decide montar un negocio y ser más independiente, algo que su marido no entiende.
• ¿Por qué su marido no quiere separarse?
Jonathan piensa despectivamente que, debido a que los niños han crecido, ella necesita buscarse “un nuevo hobbie”. No soporta que su mujer coja las riendas de su vida y que tenga una autonomía económica. Lo que desencadena todo es la independencia de la mujer. No voy a ir con medias tintas, ¡él es el culpable! Este drama se ha abarcado desde un tono cómico para que la gente pueda pasar un rato divertido. Y funciona. Cuanto más sexo y más violencia aparece en la función la gente más se ríe y mejor se lo pasa.
• ¿Qué importancia tiene la casa para cada uno de los miembros de la pareja?
La casa es una excusa. Ellos se pelean por mantener y acrecentar su parcela de poder, por tozudez. Él tiene mucho dinero pero quiere quedarse con la casa porque inconscientemente quiere todo lo que hay dentro, incluida a Bárbara. Esta tozudez acabará en un final muy trágico que está a la orden del día y que al espectador le hará pensar y recapacitar.
• ¿Se ha logrado mostrar una casa en permanente destrucción?
Sí. Está muy bien conseguido. Aunque el público debe recordar que no estamos en el cine, sino que se trata de una versión teatral. No destrozamos el decorado todos los días porque no daríamos abasto.
• Hacía casi diez años que no se la veía en el teatro, desde “Top Dogs” de Mario Gas. ¿Cómo ha llevado esa vuelta a los escenarios?
Ha sido muy dura, porque llevaba mucho tiempo sin subirme a un escenario.
• ¿Qué futuros proyectos tiene en mente?
No hay nada cerrado. Acabo de terminar de rodar la serie para televisión sobre Tita Cervera y, a partir de ahí, están en el aire un par de proyectos, pero aún no hay nada cerrado. Espero que, a raíz del teatro, me salgan más cosas, quizá otra serie…
• Hizo uno de los papeles de este texto –el Doctor– como actor, la escenografía para la ópera de José Carlos Plaza y ahora lo dirige. ¿Se siente perseguido por “Woyzeck”?
Me siento como que tengo algo que ver con este “Woyzeck”, pero no lo sé todavía ni yo. Hay algo en esta obra que me fascina y quizás sea su poesía mortífera. Me gusta mucho el protagonista, ese hombre de clase baja que no sabe expresarse y que Büchner lo convierte en un personaje a la altura de un Hamlet en cuanto a envergadura dramática.
• Pasión seria entonces la palabra...
Me apasiona el talento de Büchner porque cuenta una historia muy compleja desde una extraordinaria sencillez y modernidad. Es el primer personaje trágico de la historia del teatro cuya tragedia radica fundamentalmente no sólo en lo que le pasa, sino en su imposibilidad de explicarlo.
• ¿Por qué eligió a Javier Gutiérrez para dar vida a este personaje?
Pensé Woyzeck y pensé Javier Gutiérrez. No hubo otra opción porque creo que tenía la mirada y la inocencia del personaje y la grandísima persona que es Javier que tiñe este personaje que también es una grandísima persona, que no puede entender el mal en su plenitud.
• Ha dicho que cuando uno va al teatro a ver un buen texto no entra como sale. ¿Qué sensaciones puede provocar Büchner en el espectador?
El espectador sale entendiendo el ser humano en su miseria, sabiendo que todos en un momento somos capaces de hacer algo que de una manera racional pensamos que no. El espectador sale haciéndose grandes preguntas y conmocionado.
• ¿Qué le debe el teatro contemporáneo a este autor y a esta obra?
Es una obra muy framentaria y esos fragmentos yuxtapuestos crean un precedente del teatro contemporáneo porque no llevan una lógica realista. Son escenas muy pequeñas, muy demoledoras y con una capacidad emocional salvaje y esas elipsis tremendas entre escena y escena es lo que inaugura el teatro contemporáneo. Y luego también la modernidad de un personaje que en el fondo lo que le pasa es que no puede expresarse.
• En un texto como este tan abierto a interpretaciones, ¿dónde se nota aquí la mano de Gerardo Vera?
No se debería notar, pero se nota en que hay una soledad y una poesía desoladora porque lo he visto así. Yo creo que el espectador sale con la sensación de que está viendo un espectáculo bellísimo pero que te instala en un sitio incómodo.
• “Woyzeck” pone el broche final a la temporada. ¿Qué balance hace de ella?
Hemos tenido de todo, teatro popular, comprometido, de vanguardia, de último grito; ha habido textos clásicos, autores nuevos; “Falstaff”, con la que hemos creado un texto nuevo que no estaba en la dramaturgia contemporánea... Todo en esa línea ecléctica donde no me decanto por nada, sino que intento reflejar un poco el caleidoscopio del teatro en mi país.
Con mucho respeto y concentración. Sobre todo porque la escritura de Mamet te abre puertas que parecen no llevarte a ningún sitio aparente, pero que muestran y desvelan de una forma mucho más profunda. Van dejando poco a poco sensaciones y datos en el espectador para que éste saque sus propias conclusiones acabada la función.
• Muchos han calificado a su personaje de misógino…
Sí, pero la complejidad de John va mucho más allá. Su misoginia es, en mi opinión, una pequeña anécdota. Creo que cualquier hombre tiene ese punto misógino, debido a las circunstancias sociales en las que vivimos, al igual que le puede suceder a cualquier mujer con los hombres. Luego ya depende de tu inteligencia el saber controlar y rechazar este tipo de actitudes.
• Pinter decía que, en esta obra, los personajes hablaban como cuchillos…
Efectivamente, la palabra es usada como el arma más punzante e hiriente. John sabe cómo emplear las pausas, los silencios, para hacer el mayor daño…
• ¿Asistiremos a una venganza generacional?
Más que conflicto generacional, hay un problema de reparto de poder que tiene mucho que ver con los distintos puntos de vista de la realidad que tiene cada uno de los personajes.
• ¿Qué sgnifica, para un actor, llevar a escena un texto de Mamet?
Mamet es un autor fundamental. Aborda cuestiones universales a través de un lenguaje orgánico y naturalista. Para el actor es un reto, porque hay continuos vericuetos, pero es el mejor regalo que uno puede recibir, porque en esta obra se pone de manifiesto lo maravilloso del teatro, mostrándose como una ceremonia en vivo.
• Después de más de 25 años de carrera, ¿el trabajo como actor le sigue sorprendiendo?
¡Claro! Un actor nunca acaba de aprender, podría trabajar 300 años con la misma ilusión, esto es lo que me encanta de este oficio.
Es una chica de veinte años, universitaria y de una clase social diferente a la de su profesor, John. Este aspecto es importante porque en una universidad de EE.UU o tienes una beca o tienes que ahorrar toda la vida para poder acceder a los estudios. Es una chica que se pregunta qué es lo que la vida espera de ella.
• Se trata de uno de los textos fundamentales del teatro contemporáneo ¿qué hace a esta obra tan especial?
Es muy provocadora. A pesar de que tiene una estructura clásica y sea una tragedia, utiliza un lenguaje moderno, urbano e inteligente. Esto es algo típico del teatro de Mamet, como vimos en “American Buffalo”.
• Una frase que, para usted defina este montaje...
No es del texto, sino de Baltasar Garzón: “Creo que la fuerza de la razón, frente a la razón de la fuerza, siempre debe imponerse sobre cualquier tentación de los que, disponiendo de poder, lo utilizan arbitrariamente”.
• Mario Gas, Àlex Rigola, Andrés Lima... Sus trabajos son siempre muy escogidos, ¿con qué otros directores le gustaría trabajar?
Me gustaría mucho trabajar con directores jóvenes como Miguel del Arco o Julio Manrique. Y, remitiéndome ya a otra generación, José Luis Gómez y Gerardo Vera. De todos ellos podría aprender mucho.
• ¿Ser joven incomoda?
En mi caso no ha sido así. Con Rigola, en “Rock n Roll”, tenía sólo 18 años y si me hubiera encontrado con otro ambiente quizá ahora sería otra. Igual me sucedió con la compañía del Lliure o la de la Abadía. José Luis Gómez decía que, en un actor, afectan los condicionantes externos, como la familia, la circunstancia social, la genética, etc. Pero principalmente tu vida es consecuencia de una elección activa. Yo lo que quiero, es dedicarme a esto y que realmente sienta que me lo merezco.
• Estaba trabajando en “Mamma Mía!” cuando se preparó el casting de “Los Miserables”, pero para un personaje distinto al que interpreta…
Sí. Yo iba para Marius pero me vio Mackintosh y me dijo una cosa muy bonita: ‘El día que pensé en Enjolras, pensé en una persona como tú, muy parecida a ti. Perdemos un Marius, pero ganamos un Enjolras que creo que lo puedes hacer muy bien’. Por edad y por todo, daba más con este personaje.
• ¿Quién es Enjolras?
Enjolras es un revolucionario, es un tío que vive para la justicia, un justiciero de aquella época, una especie de Obama de ese momento. Lleva a todo el mundo a pelear porque él ve que realmente hay que luchar por un país justo.
• ¿Se siente identificado de algún modo con él?
Sí, porque yo soy un poco revolucionario en mi vida. Siempre he sido un poco líder, aunque no tanto como Enjolras... ¡Me falta sacar las pistolas! (risas).
• En palabras de Víctor Hugo: “Los Miserables fue escrito para un público universal. No sé si sería leída por todos, pero está desde luego dirigida a todos”. ¿El musical también?
Totalmente. Creo que se ha fusionado muy bien la historia de Víctor Hugo con el musical. Lógicamente no se podía cantar el libro entero, sería una semana entera de función, pero se ha plasmado muy bien, está muy bien resumido todo.
• La lucha por la libertad, el coraje o la paz del pueblo son valores atemporales que son parte fundamental del éxito de esta obra maestra…
Y también las penurias de esa época. Siempre se ha sufrido, pero antiguamente todo era más salvaje. Era otra época y, afortunadamente, hemos cambiado en el siglo en el que estamos.
• Se cumple el 25 aniversaro y con él, la renovación de la puesta en escena del musical...
Ha cambiado mucho, ahora están los cuadros de Víctor Hugo como en movimiento. El espectador se mete más en la función. El suicidio de Javert es de las escenas más impresionantes que he visto en mi vida. El otro día lo vi por primera vez y, desde dentro, parece grande pero, desde fuera, se ve muchísimo más grande todavía. Es increíble, la escenografía, el movimiento, me parece muy bonito.
• ¿Cómo es trabajar con Gerónimo Rauch, Ignasi Vidal y todo el elenco?
Hemos hecho mucha piña todos, nos llevamos muy bien, nos queremos mucho. La obra es triste, pero dentro del teatro hay muy buen rollo. Trabajar con Ignasi y Gero… La verdad es que estoy aprendiendo un montón de ellos.
• ¿Qué ha significado en su carrera el haber participado en Eurovisión el pasado año?
Un pasito para mi carrera a la hora de ser más conocido, una especie de tarjeta de visita. Es como ‘voy a seguir trabajando dentro del musical que es lo que me pone, pero también puedo hacer otras cosas’. Ahora voy a participar en “Póker de voces”, una especie de concierto show. Nos hemos juntado Gerónimo Rauch, Ignasi Vidal, David Ordinas y yo y estaremos en el Hägen-Dazs el 23 de mayo. Eurovisión me ha abierto este tipo de puertas.
• Volviendo a “Los Miserables”, ¿por qué cree que tanta gente sigue este musical, incluso los no amantes del género?
Es casi perfecto, hay risas, lloros... Es un musical muy redondo, creo que es el musical de musicales.
• “Al final del arcoíris” venía precedida de las excelentes críticas de su versión londinense y en Madrid lleva cuatro meses de éxito. ¿Cuáles son ahora sus sensaciones?
Ahora estamos disfrutando mucho la función. Tenemos un buen público y su respuesta es siempre de aplausos, de ¡Bravo!, de ponerse en pie. Es el espectáculo teatral que hago y he hecho en el que más recibo el reconocimiento y el cariño del público.
• ¿Qué papel juega ese público en este sentido homenaje a Judy Garland?
Al ser un homenaje en el que se juega con la comedia y el drama necesitamos mucho en el escenario esa energía que te transmite el público. Es muy importante porque sentimos que está haciendo ese recorrido con nosotros.
• ¿Qué destacaría de su personaje, de Mickey Deans?
Empieza siendo una persona muy buena con Judy Garland, la quiere muchísimo, pero a lo largo de la función vamos viendo cómo va girando y parece ser que no es tan buena persona. El público no se espera el giro que da el personaje casi al final.
• Mucho teatro, mucha televisión y ahora también cine –“Al final del camino”, “No lo llames amor, llámalo X”, entre otros–. Van saliendo las cosas…
Estoy muy contento porque empecé con el teatro y el cine y la televisión era algo que ni me planteaba, pero me llegó a través del trabajo en teatro. En ello estoy, con ganas de disfrutar de cada medio.
• Hace poco pudimos verle como el inspector Linares en “Operación Malaya”.
El personaje que interpreto existe. Es un policía que está retirado en una oficina de Málaga por haber investigado el caso. Lo llamé para documentarme y conocerle y no quiere saber absolutamente nada de Operación Malaya.
• Supongo que el hecho de que sea una persona real es un riesgo...
Cuando hago un personaje que ha existido en la vida real, como también el de Mickey Deans, lo único que puedo garantizar es que trabajo desde las tripas y el corazón.
• De cara al futuro, ¿algún proyecto que pueda contarse?
Tengo un proyecto de una tv movie, pero me piden que no cuente nada. En verano voy a descansar porque después vuelvo a la tele con una serie nueva.
• Protagoniza “El Ensayo”. ¿Quién es su personaje y cómo lo definiría?
Una mujer hastiada de su relación. Una mujer que intenta recuperar la libertad perdida, que corre al encuentro de la voz que le es propia. Una mujer en tránsito. Una mujer más...
• Una mujer a las órdenes de un director que, además, es su pareja. ¿Cómo es él y cómo es la relación entre ambos?
Es un hombre a medias, parapetado por el cargo que ostenta. Atrapado en su propio discurso de la vida, irónico y mordaz. Un hombre herido que no se ha dado tiempo de sanar sus propias heridas. En “El Ensayo” nos acercamos al momento en que la pareja afronta el desencuentro en el que viven, tanto personal como profesional. Tan patético y tan corriente por lo habitual hoy.
• ¿Qué grandes temas se tratan?
Lo nonato en la mujer, bajo la mirada todavía incomprensible del hombre, despierta al mundo con la fuerza que le es propia. Y la mujer aprende a ocupar su lugar frente a sí misma y frente al otro. Empieza a ‘ensayarse’. Y el aislamiento afectivo.
• ¿A qué dificultades se ha enfrentado Yolanda Ulloa tanto en la vida como en esta profesión?
A todas las que he podido enfrentarme, de todo carácter y naturaleza. Sales temblando... pero con el corazón caliente.
• ¿Qué significa el teatro en su carrera?
Es el lugar donde nace el latido. Son mis orígenes. Es algo vivo. El recorrido dramático es ininterrumpido, y la presencia del público da sentido y significado de forma inmediata y directa al hecho teatral en sí.
Es una actriz que tiene que ir a recibir un premio. Lo que para la mayoría supondría satisfacción, halago o vanidad, para ella, poseedora de una personalidad rica en experiencias y contradicciones, será el detonante de un singular y atractivo discurso.
• ¿De qué habla “El premio”?
Fundamentalmente habla de las bondades y perversiones del mundo en que nos ha tocado vivir.
• Y para usted, ¿qué significan los premios?
Han sido la alegría que, al igual que las buenas notas que sacaba en mi infancia, pude regalar a mis padres.
• ¿Qué destacaría del texto que ha concebido Lázaro?
Eusebio posee una escritura clara, precisa y altamente teatral en la que lo poético, el humor, el escepticismo y la esperanza consiguen un delicado equilibrio.
• ¿Está de acuerdo con él, es el mundo un poquito más de los hombres aún hoy en día?
Sí, muchas mujeres perciben sueldos más bajos que los hombres realizando el mismo trabajo y a muchas les resulta casi imposible compaginar lo laboral con la maternidad.
• ¿Qué habría que hacer para superar esas dificultades? ¿Cómo las supera Ana Marzoa?
Seguir el ejemplo de aquellas pioneras que en los siglos XIX y XX consiguieron,con su valentía, cambiar el rumbo de la Historia. En cuanto a mí, quizás por pertenecer a una profesión en la que los sexos se complementan, se necesitan y se aman, no me he sentido nunca discriminada.
Habla de la amistad, de la realidad, del día a día, del miedo a la soledad y, sobre todo, de la invisibilidad de las mujeres maduras.
• Usted interpreta a Manuela. ¿Cómo es?
Como tantas mujeres hay en el mundo. Superviviente nata, fuerte y frágil a la vez. Capaz de llevar miles de vidas hacia delante e incapaz de saber qué puede hacer con la suya; solidaria, trabajadora, amiga de sus amigos, comprensiva y nerviosa.
• Loles y Bibiana son como sus personajes también amigas, ¿cómo se lleva trabajar con amigos?
Trabajar con amigos tiene ventajas e inconvenientes. Al haber mucha confianza hay más enfrentamientos, pero también hay más amor y más respeto. Lo bueno del texto es que facilita mucho las cosas, ya que está hecho por amigos que nos conocen muy bien.
• Son dos rostros muy populares. ¿Se sienten queridas por el público?
Somos dos mujeres muy queridas y muy respetadas como artistas, eso es lo que el público nos da cada vez que nos ve. Y eso no tiene precio.
• Supongo que cuando se pasa de los 40 la vida se empieza a ver de otra manera… ¿A qué cosas da ahora más importancia Loles León que cuando era más joven?
Nunca he dejado de dar importancia a todo lo que me ha pasado en la vida. Todo lo que la vida me ha dado, me ha interesado. Soy muy contemporánea.
• Loles León y Bibiana Fernández juntas sobre las tablas ahora que el teatro parece una apuesta segura y eso en los tiempos que corren… ¿A qué cree que es debido este resurgimiento del teatro?
Porque no se puede piratear. Y en el teatro hay más libertad de expresión que en los otros medios.
• En esta ‘gran depresión’ le ha tocado interpretar a Marta. ¿Cómo definiría a su personaje?
Marta es una mujer que huye hacia adelante, aparentemente vividora y resuelta, pero que oculta muchos miedos y dependencias.
• ¿Qué tienen Manuela y Marta en común y qué les separa?
Son mujeres coetáneas y han sufrido procesos similares, pero sus diferencias de carácter las han hecho reaccionar de diferentes maneras.
• En una conversación entre dos mujeres casi inevitablemente salen los hombres. ¿Salen bien parados?
No se critica a los hombres en esta función. Ambas mujeres son el resultado de sus relaciones, pero hablan de ellas mismas, no de terceros.
• Una frase promocional decía “Vayan antes de que se maten”. ¿Ya se han matado?
Nos amamos y nos matamos, pero todas las noches resurgimos como el Ave Fénix.
• ¿Cómo vivieron el estreno en Valencia y qué esperan de Madrid?
Valencia fue muy emocionante. Hemos tenido un público que llenaba la sala entregado. Pero esperamos mucho también de Madrid. Creemos que esta comedia va a funcionar muy bien.
• Los nervios le hicieron olvidar texto el día de su estreno en Valencia. Después de tanto tiempo en esto de la interpretación, ¿aún el público impone? ¿Cómo se solventan estas situaciones?
El público impone siempre y no quiero perder nunca esos nervios. Estas situaciones se solventan tirando de la experiencia y de todo el trabajo previo realizado en los ensayos con los directores.
• ¿Hace teatro, colabora en Telecinco y los fines de semana la podemos escuchar en Onda Cero. ¿Cómo se hace?