• Dice el bolero que veinte años no es nada, ¿qué son estos quince años?
Es el resultado de mucho trabajo, mucho sacrificio y mucho amor por nuestra profesión. Significa que seguimos interesando…
• ¿Esperaban llegar hasta aquí cuando empezaron a trabajar juntos?
Nunca nos planteamos dónde llegar y ese es el secreto. Hay que plantearse metas a corto plazo, pero nosotros no nos las planteábamos ni a corto plazo, era un juego, un divertimento.
• ¿Qué ha sido lo más difícil y qué ha ido más rodado?
Quizás lo más difícil haya sido ser profetas en nuestra tierra y ya lo somos, cada vez más. A pesar de las dificultades teníamos, tenemos y tendremos tanta pasión por hacer esto que es lo que hace que ruede, que vaya solo.
• ¿Qué tiene “Cambio de tercio” para celebrar con él esta fecha?
Tiene España, tiene copla, flamenco, pero sobre todo tiene raíz y modernidad. Es la primera vez que no tenemos que retocar nada y creo que es un símbolo de madurez.
RODRÍGUEZ
• ¿Cómo es el flamenco de Rojas y Rodríguez?
Buscamos renovar los cánones del flamenco. Respetando la tradición y a nuestros maestros hemos intentado darle frescura y aportarle toda esa renovación que está habiendo en la danza por la fusión con otras tendencias.
• ¿Y la clave del éxito?
Conectar con los públicos de siempre y con las nuevas generaciones.
• Corea del Sur, Chipre, China, Rusia, México… ¿Dónde está la magia del flamenco para triunfar allá donde va?
En la pasión que hay que plasmar cada vez que sales al escenario, la fuerza energética que tiene. El flamenco es una forma de sentir hecho arte.
• Mire al futuro. ¿Qué ve?
Muchos proyectos y muchas ganas de bailar. Para bailar hay que tener una madurez escénica y personal muy importante. Ahora hemos conseguido esa madurez y los proyectos que tenemos van a ser los más bonitos y con los que vamos a conseguir realizarnos como artistas.
En las historias que me contaban mi abuela y sus hermanas. A ellas no les gustaba hablar demasiado, pero sí que tenían unas cuantas anécdotas que les gustaba repetir y con ellas yo me las arreglaba para imaginar cómo habían sido de jóvenes. Cuando eres pequeño no puedes creer que los viejos fueron una vez jóvenes y ese misterio sigue existiendo dentro de mí. De ahí surge “Delicadas”, de querer inventar la juventud de mi abuela y de sus hermanas. Y creo que en la obra está su manera de ver la vida…
• ¿Sus textos surgen a partir de un buen título o viceversa?
Siempre inicio el trabajo a partir del título. Para mí los títulos son palabras mágicas que tienen la fuerza de contener universos y sospecho que esos universos habitan en las palabras antes de que yo los escriba. Me gusta pensar eso. Me gusta pensar que en lugar de poner algo nuevo, lo que hago al escribir es descubrir algo que ya existía.
• Todas sus obras están siempre teñidas de un humor muy característico al que concede gran importancia...
Creo que el humor es la herramienta fundamental para luchar contra el ego, contra el Yo. El humor nos coloca en nuestro lugar en el universo. El humor trasciende el miedo, nos hace ver más allá. El humor es una vía de conocimiento, pone al descubierto las contradicciones del ser humano, su fragilidad. El humor te recuerda a cada instante que la muerte existe, pero que tenemos que vivir la vida como si no existiera, o como si la muerte fuese parte de la vida.
• ¿Qué personas o corrientes teatrales siente como raíces de su trabajo?
Yo hago teatro porque ví “La Clase Muerta” de Tadeusz Kantor en 1991 en el Teatro Gayarre de Pamplona. En 1995 nada más llegar a Madrid vI “Hombres” de T de Teatre y descubrí la fuerza de la historia corta. En 1998 vi dos espectáculos que me cambiaron, uno fue “Nelken” de Pina Bausch y el otro “El pecado que no se puede nombrar” de Ricardo Bartís. En 2004 vi “Los diez mandamientos” de Christoph Marthaler y me dio fuerzas y confianza para hacer lo que hago. En 2007 Krystian Lupa con “Extinción” me dio un golpe en la cabeza que aún me dura.
• La última obra que le ha emocionado en el teatro es…
“Penumbra” de Animalario y “Woyzeck” de Gerardo Vera.
• ¿Dramaturgo o director?
Yo escribo para dirigir lo que escribo. No podría sólo escribir.
• ¿Casting o compañía?
Compañía. Pero sin perder de vista que hay espectáculos que necesitan un casting, no queda otro remedio y, además, de un buen casting puede surgir una nueva compañía.
• ¿Tragedia o comedia?
¿Puedo decir tragicomedia?
• ¿Historias lineales o fragmentadas?
Las historias lineales se construyen con fragmentos que dan sensación de continuidad. Las historias fragmentadas se construyen con líneas que dan sensación de estar rotas.
• ¿Profundidad o superficie?
Mi reloj aguanta diez atmósferas, de ahí no puedo bajar.
• ¿Qué opina del teatro de Claudio Tolcachir?
En su teatro no se distingue entre interpretación, dirección y texto. Todo está fundido de una manera perfecta. Tolcachir hace historias de supervivientes, sus personajes luchan por sobrevivir, intentan mantener una moral y una ética, pero la supervivencia les exige ser miserables. Es un teatro muy conectado con la realidad, que cuenta las cosas que nos da vergüenza reconocer. Soy un admirador de Claudio y espero que un día podamos trabajar juntos. “La omisión de la familia Coleman” y “Tercer cuerpo” son dos espectáculos que no olvidaré nunca.
• ¿En qué se inspiró para escribir “El viento en un violín”?
En la idea de hasta donde se puede llegar por amor. Esos personajes terminan cometiendo delitos, traicionando cualquier dignidad o sentido de responsabilidad en pos del deseo. Y, sin embargo, los comprendo perfectamente.
• ¿Sus textos surgen a partir de un buen título o viceversa?
El tÍtulo siempre me aparece en la mitad del proceso de escritura. Suele ser el resultante de algo que sucede en alguna escena. O una frase que digo explicando la obra a algún amigo.
• Todas sus obras están siempre teñidas de un humor, muy propio, muy característico al que usted le concede gran importancia, ¿por qué?
Creo que es mi mirada genuina del mundo. Lo absurdos que somos todos yendo y viniendo con nuestros terrores y nuestras ganas de vivir. Las verdades propias que habitan en el teatro que uno escribe, con humor buscan la complicidad del público, sin humor podrían llegar a parecer reflexiones didácticas.
• ¿Qué personas o corrientes teatrales siente como raíces de su trabajo?
El realismo americano, El absurdo. El grotesco criollo argentino. El cabaret de post guerra. Chèjov, Ibsen, Albee, Beckett, Discépolo, Molière, Miller. Aristófanes. Con sólo tratar de acercarnos a una humilde copia de alguno de ellos estaremos en el buen camino.
• La última obra que le ha emocionado en el teatro es…
Un ensayo que presencié de “Algo de ruido hace”, de Romina Paula dirigida por Lautaro Perotti que estrena el 31 de mayo en la sala Pradillo. La magia y la profundidad que están logrando esos actores con ese texto, hacía rato que no la veía.
• ¿Dramaturgo o director?
Actor.
• ¿Casting o compañía?
Un grupo siempre es contenedor y estimulante aunque siempre es bueno romper los esquemas. Los castings son muy estresantes por la responsabilidad ante el sueño de tanta gente.
• ¿Tragedia o comedia?
Absurdo (que es la mezcla entre las dos).
• ¿Historias lineales o fragmentadas?
Historias. Nada más. Ellas mismas después se buscan la forma de expresarse. El juego de cómo contar una historia creo que es lo más fascinante de la dramaturgia, ese poder de jugar con las expectativas del espectador y llevarlo a pasear por la intriga y la emoción, sorprenderlo con el humor. Es maravilloso. Pero no podría definir si es lineal o fragmentado.
• ¿Profundidad o superficie?
Superficie atravesada secretamente por la profundidad.
• ¿Qué opina del teatro de Alfredo Sanzol?
Por ahora conozco más a su persona que a su teatro. Pero justamente por su persona las perspectivas de que me encante su teatro son inmejorables.
Interpreto a un personaje que a lo mejor ya no es de esta época o a lo mejor sí… Es un tío que se pasa toda su vida en un almacén donde no hay nada, donde no pasa nada y donde él va todos los días puntualmente a no hacer nada.
• Un encargado a punto de jubilarse y el joven que le sustituirá. ¿Qué diferencias hay entre los dos personajes?
No tienen nada que ver. Uno tiene una idea de hacerlo todo muy medido. Y el joven que viene quiere introducir nuevas cosas. Al final, seguramente, la máquina puede más, convirtiéndose todo en rutina.
• ¿Se identifica con el señor Lino?
No, nada. Yo no tengo nada que ver. Por fortuna me dedico a una profesión que tiene ese pequeño margen de que cada día se hace un poco distinto: hoy hacemos televisión, mañana cine…
• ¿Podría desvelarnos la duda de si veremos sobre las tablas una comedia o una tragedia?
Yo creo que es una comedia, tiene ese punto... No me atrevo a decir trágico, lo trágico alcanza un grado de dureza, esto es trágico sólo porque no se puede salir de ahí.
• ¿Cómo se lleva eso de almacenarse en esta obra como actor al mismo que trabaja en “Por los pelos” como director?
En “Por los pelos” ya trabajé (risas). Ahora, cuando voy, es a ver a mis compañeros, a decirles que hagan lo marcado. “Almacenados” es otra cosa, es volver otra vez al teatro teatro. Para mí el teatro es actuar. En “Por los pelos” lo que he hecho ha sido colaborar con mis compañeros. Me siento más a gustito actuando.
Nim entra a relevar al señor Lino, quien ha estado trabajando solo en un almacén durante veintinueve años y está a punto de prejubilarse por una artrosis.
• Un almacén vacío, un reloj desajustado y dos desconocidos. ¿Qué hay detrás de todo esto?
Una metáfora de la alienación que vivimos en el trabajo, de lo difícil que es sentirse útil fuera de un puesto de trabajo y lo absurdo que muchas veces es el trabajo que desempeñamos.
• ¿Conoce a muchos Nin o ha sentido serlo alguna vez?
Por supuesto. He sentido ser un Nin en muchas ocasiones en mi día a día. No siempre he podido trabajar como actor y también he tenido que desempeñar labores que eran bastante absurdas y que me hacían sentir que no hacía ningún bien a la sociedad.
• También hay mentiras. ¿De qué tipo?
No sabría cómo calificarlas, son mentiras tal vez piadosas, mentiras que nos contamos a nosotros mismos para poder conservar un sentido a nuestras vidas y para ocultar a veces lo dolorosas que puedan resultar.
• ¿Vamos a divertirnos o vamos a ver un reflejo de una realidad complicada?
Creo que es una función en la que casi todo el mundo se va a poder ver reflejado y es cierto que no se va a ver un vodevil de puertas, de armarios, equívocos, etc. Pero sí hay muchísimo sentido del humor. Ni nosotros sabemos si es una comedia o una tragedia.
• Moraleja final...
Que la vida, a pesar de las dificultades, sigue mereciendo la pena.
• ¿Cómo definiría a Dallas Wayne, la granjera que interpreta en “Sin Balas”?
Una muchacha torpemente seductora e inocente para la que el Oeste es un escenario inofensivo y enorme en el que poder jugar. Entusiasmo e inocencia combinados con innato descaro. Un personaje con el que te encariñas y al que quieres matar al mismo tiempo. Dallas es un cocktail de emociones. A lo largo de la obra vemos como se convierte en mujer, o algo parecido...
• ¿Qué relación se crea entre su personaje y John Cliff?
Una relación de aceptación mutua, de intercambio de valores, y, finalmente, de necesidad del otro. Un ‘si tú saltas, yo salto’... Una historia de amor poco convencional en un escenario poco convencional. Y es que el amor no entiende de géneros…
• También hay un indio y, necesariamente, ‘un malo’…
‘Si no haber indio, no haber western’ como bien dice el propio indio en la obra. Lo mismo sucede con el malo. No se concibe un Western sin malo, sin héroe, o sin pistolas… o sin ‘eso que rueda y que nadie sabe cómo se llama...’.
• ¿Cómo se consigue una perspectiva actual remontándose al Western de 1870?
Simplemente viendo todo lo que nos dio el Western en su momento –que fue mucho– y utilizándolo, pero de la manera correcta. También echando mano de todos los tópicos y clichés que quieras para hacer reír al público actual, tanto el que conoce a fondo el género como el que no, pero sin dejar de respetar esa solemnidad y autenticidad que caracterizó al Western de esa época y que lo convirtió en el fenómeno que hoy sigue siendo y que, por cierto, está resurgiendo.
Es un pistolero misterioso, lleno de ira y buenas intenciones. Se comporta como un hombre del oeste, desconfiado, frío y calculador pero Dallas Wayne tira todo eso abajo. Es de esos hombres que entienden lo que significa ser mujer. Un hombre lleno de contradicciones.
•¿Quiénes son Los Pinkerton?
Detectives del gobierno, no descansan hasta que no han llevado a cabo su cometido. Persiguen a delincuentes.
• Hablenos de la escenografía.
Utilizamos la imaginación, partimos del espacio vacío. El secreto de este género está en el sonido, en las pausas interminables, en los momentos de tensión, en las imágenes. Nos volcamos más en un buen vestuario, diseñado y elaborado por Tatiana de Sarabia y un diseño de luces llevado a cabo por Marino Zabaleta. Escenografía, luz, vestuario y sonido –Rulo Pardo, Sexpeare– consiguen llevarnos al lejano oeste con sencillez, cosa que a mí aún me tiene loca… ¡Es lo que tiene tener buen equipo!
• ¿"Las Grotesques" es sinónimo de comedia?
Definitivamente, sí. Aunque haya momentos en que se haga difícil reírse de la vida, como el que estamos viviendo ahora. Hay mucho miedo, nos han paralizado. La comedia es una elección, un antídoto a todo lo que ocurre.
• ¿Cómo o de dónde nace “Sin Balas”?
Mi padre nos colaba un Western todos los domingos después de las comidas y allí estábamos los cinco hermanos riéndonos de aquellas películas tan masculinas y exageradas. Pensé, ‘voy a escribir un Western’. Sexpeare me recogió con mi guión y mis miedos, me apoyó y levantó el primer boceto de “Sin Balas”... es fácil ser valiente con esos tres pedazo de hombres al lado. ¡Viva Sexpeare!
El hacer de nosotros mismos con 95 años es lo más interesante de todo el proyecto. Conseguir que la gente vea en nosotros a unos ancianos de verdad es lo más complicado, lo más difícil y el gran reto.
• ¿Cómo es su personaje?
Es un tipo tranquilo, sencillito, con un amplio bagaje a sus espaldas, muy simpático, muy agradable y muy enamorado de su mujer, María Adamuz. Como soy ahora pero con 95 años...
• ¿Cómo es la relación entre ellos?
Por mi parte es de absoluta veneración y adoración hacia ella. Ella tiene principio de Alzheimer y yo la cuido, la protejo, la mimo y estoy todo el tiempo pendiente de ella.
• ¿Cómo es la vida en la residencia Talía, lugar donde están estos actores?
Salvo cuando nos dejan bajar al escenario y rememorar nuestros éxitos, bastante aburrida. Hacerse viejos en estos tiempos es duro, la sociedad no respeta mucho a los mayores y enseguida nos olvidamos de ellos. Si las cosas fueran de otra manera, llegar a viejo sería mucho más fácil, más llevadero y mucho más bonito.
• Esta residencia viene a ser un lugar como la proyectada Casa del Actor...
Sí, un lugar donde podamos acabar nuestros días acompañados y juntos todos los actores, porque tal y como está el tema de las pensiones y la seguridad social creo que la inmensa mayoría acabaríamos ahí. Hay muchos grandes actores, grandes maestros, que al final de sus días se ven solos después de haber estado cosechando éxitos en los escenarios.
• ¿Ha pensado alguna vez cómo será en el año 2050?
Me he planteado el hecho de que esta profesión es una carrera de fondo. El verdadero objetivo es que cuando tenga 95 años y esté al borde de la tumba me dé cuenta de que he podido vivir toda la vida de esta profesión.
• ¿Cómo es trabajar con Tricicle?
Fantástico. Son unos tipos absolutamente encantadores y muy profesionales, saben lo que quieren y saben explicarlo muy bien. He aprendido mucho con ellos y me he divertido mucho.
• “Mortadelo y Filemón”, “Rocío no habita en el olvido”, “La jaula de las locas”... ¿De dónde le viene esta pasión?
La pasión por la música me viene desde muy crío. Creo que desde que tengo uso de razón estoy cantando y desde que me levanto siempre estoy escuchando música.
• Su padre, Manuel Dicenta, murió cuando era muy pequeño... ¿Ser actor se lleva en las venas?
No he sido niño de camerinos porque mi madre no se dedicaba a esto, pero me llevaba al teatro desde muy pequeño. Siendo muy pequeño vi “La casa de Bernarda Alba” y creo que era el único crío que había en el patio de butacas…
• ¿Y qué hacía ese niño?
El niño se quedaba embobado y luego en casa jugaba a interpretar, obra de teatro que veía, obra de teatro que representaba. Pero realmente hasta los 17 años no tuve claro que quería ser actor.
• Dice Amelia Ochandiano que hacer este texto es una aspiración para cualquier director. ¿Dar vida a Nora lo es también para una actriz?
Es de los personajes más estudiados en las escuelas de Arte Dramático por la complejidad que encierra. Es un personaje que está ocultando algo muy peligroso que le ha pasado en la vida y al mismo tiempo que transcurre la obra se va dando cuenta de algo que no quiere ver, por lo que se miente a sí misma. Esas capas juntas son un reto para cualquier actriz.
• ¿Cuál es la mayor dificultad que supone esta aventura?
La dificultad principal es lo que esconde Nora, pero que el público tiene que saber, tiene que ver. Ese juego sutil de los grandes como Chéjov, Ibsen y Strindberg, que cambiaron el teatro universal porque dotaron a los personajes de un fondo, de un subtexto que los hace más ricos y que hacen, a la vez, al espectador más inteligente y más agudo.
• ¿Cómo es Nora, cómo la definiría?
Nora es valiente, generosa, con un gran sentido del amor. Le ha tocado vivir tras una máscara de belleza, de perfección y de juguete. En realidad, la Nora verdadera sale al final de la obra…
• ¿Cómo atrapa Nora a Silvia Marsó?
Todas las actrices que hemos interpretado a Nora nos hemos dejado invadir por ella. Es un personaje tan rico que, a veces, nos sobrepasa. Yo siento que a veces es ella la que manda y yo estoy a su servicio.
• ¿Cómo es la evolución que vive esta mujer a lo largo de la obra?
Tiene que estar en peligro su situación familiar y personal y el estatus de su marido, la situación social a la que pertenece esta familia, para que todo se derrumbe y salga a flote la verdadera Nora, la mujer que ha estado oculta durante todos esos años. Durante toda su vida en realidad. Nora nunca ha sido ella misma hasta que hay este momento de gran peligro...
• Nora ha abanderado la lucha de la mujer por la liberación, pero “Casa de muñecas” va mucho más allá...
Ibsen está retratando un ser humano que despierta, que ha vivido ciego y que se da cuenta de en qué sociedad vive. En realidad está cuestionando a la sociedad en primer lugar a través de su situación como mujer en esa sociedad y, en el plano más íntimo, cuestionando qué tipo de relación tiene con su marido. Lo interesante es ver a un ser humano que va descubriéndose a sí mismo.
• ¿Qué inquietudes le llevan a montar esta obra basándose en el clásico de Shakespeare?
Es una obra que ha crecido dentro mío de forma gradual. Notas que he podido escuchar con intensidad ahora porque los actores me dieron la tranquilidad para poder oírlas. Aprendí con ellos que Shakespeare era posible. Es mi primer Shakespeare. No me sentía capaz. Bueno… prefiero equivocarme con ellos que acertar solo.
• ¿Por qué traerlo al siglo XX, al barracón de un campo de concentración?
Porque hay que seguir testimoniando. Cuando hice “Camino del Cielo” de Mayorga en el San Martin de Buenos Aires me quedaron cosas por decir alrededor del Holocausto. De pronto tuve un relámpago de culpa y certeza muy fuerte. Como hombre vinculado al arte del actor tengo que seguir testimoniando. Yo no soy Primo Levy y no estuve en Aushwitz, sin embargo a mí me sigue doliendo el ser humano.
• ¿De qué habla “RIII”?
De que el poder es una muerte prematura. Por eso los políticos siempre se mueren antes de tiempo. Matan sus convicciones. La verdad. La justicia. Incluso algunos son tan demócratas que siempre están dispuestos a que los demás piensen como ellos. De eso habla “RIII”. De los que matan para sentirse libres.
• Un montaje a partir del texto clásico que supongo conserva toda su esencia. ¿Qué conserva y qué no?
Ufff… Esa es la pregunta. Eso es lo que nos preguntamos en cada ensayo. Esa es la esencia. No Shakespeare.Yo trato de no molestar con eso de la puesta en escena a los actores, pero tengo un horizonte y hacia allí vamos mientras ensayamos. Tratamos de escaparnos del texto mientras buscamos acciones, pero queremos que las palabras nos persigan. A veces nos encuentran.
• Es curioso cómo el ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor, de Hitler y de Shakespeare.
Sí, yo sigo creyendo que el ser huma-no tiene el arte para que la verdad no lo mate. Mira todo lo que ha pasado desde Nietzsche hasta hoy y, sin embargo, seguimos salvándonos de la misma manera. ¿Sabes por qué? La felicidad no existe, solo existe la concentración. La gente se muere con el dinero y el poder y se salva con los demás y con las pequeñas cosas de todos los días.
• “Hacer-Actuar”, “La formación del actor”… Es uno de los pocos que publica trabajos teóricos. ¿Por qué cree que falta reflexión en España?
Porque el paradigma naturalista de la televisión se lo ha devorado todo. Nadie tiene nada que decir. Es un momento crítico. No sólo aquí. ¿Qué hará el actor con lo que la televisión ha hecho de él? En eso estamos. Esa es la batalla.
• Además, Jorge Eines dirige una escuela de teatro. ¿Cómo ve a las nuevas generaciones?
Las veo viejas. Son nuevas en el calendario y viejas en el alma. Cuando empezamos a trabajar no hay otra opción que fundar referentes morales, si no no hay técnica que valga. Cuando lo conseguimos empiezan a aprender en serio y logran entender porque quieren ser actores. Ahí me encuentro con ellos y por momentos somos felices.
• Ha dicho que tenía ganas a Lorca y “Macbeth” y “Ricardo III” de Shakespeare. Tachamos uno e incluimos a...
Peer Gynt. “Hedda Gabler” de Ibsen. “Despertar de Primavera” de Wedekind. “Leonce y Lena” de Büchner. Bueno, con García Lorca sigo invicto.
• Para un catedrático, profesor, estudioso y director como Jorge Eines, ¿qué es el teatro?
Teatro es lo que ocurre. Actuar es dar lo que uno no tiene a alguien que no lo es. Por eso es difícil conseguir que ocurra algo.