Es una comedia simpática, entrañable y con puntaditas para el corazón.
• Dos divorciados que deciden vivir juntos. ¿Con qué tipo de casa nos vamos a encontrar?
Nos encontraremos en principio con una casa hecha una leonera y luego con una casa en condiciones, bien ordenadita y bien puesta.
• ¿Cómo es Félix, su personaje?
Es un hombre que está en trámites de divorcio y está deprimido en ese momento, pero, sobre todo, es un hombre bueno y maniático del orden.
• La obra parte de la ya mítica película, pero ¿esta versión es muy diferente de la cinta?
La versión es bastante fiel y cercana a la película, pero, a su vez, es muy actual. Es un clásico, algo atemporal y funciona de maravilla.
• ¿Cómo es convivir con Juanjo Cucalón, qué tal compañero de piso es?
Muy bueno, muy agradable (risas). Es desordenadamente ordenado, aunque las cosas estén desordenadas, él sabe dónde están (risas). Pero es fácil vivir con él.
• Con la crisis, cada vez es más habitual que la gente tenga que compartir casa… ¿Algún consejo después de sumergirse en este texto?
Sí, el respeto a las costumbres y a las manías de cada uno, porque con eso es más que suficiente. Luego hay que ser limpito y ordenadito, un mínimo… (risas).
• Han desmentido el rumor de que la extraña pareja sean la duquesa de Alba y Alfonso Díaz... ¿Quiénes son entonces?
(Risas). Son los dos lados opuestos de la vida, el ying y el yang, un fanático del orden contra el caos que se juntan por pura soledad.
• A través del humor de Neil Simon, pero ¿de qué habla el texto?
Es una obra muy bonita, una comedia en la que el humor sale de lo emocional. Habla de la soledad, del amor y de la amistad.
• Interpreta a Óscar...
Óscar es un divorciado que tiene la máscara puesta de una vida libertina, crápula y aparentemente feliz, pero se siente solo...
• Una comedia hilarante pero entre escena y escena supongo que deja ‘recaditos’ de lo complicado que es vivir… ¿Qué es lo más complicado de la convivencia?
Lo más complicado es precisamente dejar a la gente ser como es, tener la capacidad de adaptarte a la naturaleza de cada uno.
• Se dice que su interpretación de una obra de Shakespeare resultó tan graciosa que se decidió por dedicarse al humor en vez de a la tragedia. ¿Qué hay de cierto?
No es que fuera graciosa, es que la gente se reía de lo mala que era. No es lo mismo (risas), pero a mí oír las risas me enganchó.
• ¿Qué le diría a la gente para que vaya a verlos al teatro?
Pues que vaya (risas). ¿Qué va a hacer si no? Un martes, un miércoles por ahí... Los garitos están llenos de ‘na’…
Yo interpreto a Cosme, el hermano menor que se fue del pueblo a los diecisiete años huyendo de un padre represor. No ha vuelto a tener contacto prácticamente con su familia, pero con motivo del reparto de la herencia tras la muerte de sus padres regresa a la casa de su infancia cargada todavía de recuerdos y sensaciones encontradas. Tiene un poso de amargura, una especie de olor a fracaso que se aleja mucho de mi propia personalidad.
• ¿Tiene algún motivo el hecho de que ahora sean hombres y no mujeres los que la interpreten?
Aunque ésta sea una obra contemporánea, en nuestra sociedad han cambiado muchos valores y la situación de la mujer con respecto al hombre no tiene nada que ver con la de hace treinta o cuarenta años. Es por eso que Andoni Ferreño, autor de la adaptación, director de la obra, y gran amigo del autor en vida, pensó, y yo creo que con gran acierto, que la situación en nuestros días tendría más vigencia invirtiendo los papeles. De hecho Andoni, que ha sido absolutamente respetuoso con el texto, ha comentado alguna vez que si Sebastián (Junyent) hubiese escrito la obra en la actualidad, sus protagonistas habrían sido masculinos.
• ¿Qué le pide a la cartelera para el nuevo año?
Pues de momento que mantenga mucho tiempo programada “Hay que deshacer la casa”, no por egoísmo, sino para que mucha gente tenga la oportunidad de disfrutarla ya que es una obra que ‘quien la vio no la olvidará nunca y quien la vea la recordará para siempre’. Y, de un modo más general, que ofrezca un abanico grande de opciones para el espectador y se llenen así los teatros.
Álvaro es el hermano mayor, el que tuvo que cuidar de la familia. No tuvo el coraje o la personalidad suficiente para escapar y tuvo que anclarse al pasado del que no puede escapar.
• La obra se estrena el 17 de enero, el mismo día que se estrenase en 1985. ¿Presagio supersticioso?
La casualidad empezó cuando estaba contándole a mi hija que me habían ofrecido este proyecto y abriendo un armario me encontré una edición de 1985 de la obra. Días más tarde me di cuenta de que el día del estreno de la primera versión era el mismo que el que nosotros habíamos decidido. Andoni se quedó perplejo cuando se lo dije.
• Ha dirigido “Al final del arcoíris” y ahora también “Drácula”. ¿De dónde saca el tiempo para esta obra?
Como dice Macbeth, ‘he matado al sueño’. Se ha dado así y quiero disfrutarlo. El “Arcoíris” sigue en gira; ahora lo que más cuesta, teniendo que estrenar el “Drácula” un día antes que “Hay que deshacer la casa” es sacar tiempo para aprenderme el texto...
• Debutó en el teatro junto a la gran Lola Herrera en “Cinco horas con Mario” hace más de treinta años. ¿Qué recuerda de aquello?
Le decía a Lola sentado junto a ella, viendo a su hija Natalia Dicenta estrenar “Al final del Arcoíris”, que yo dirigía y producía, en el mismo teatro, 31 años después: ‘Volvemos al mismo lugar, a disfrutar, como hicimos años atrás. Fue mi debut como actor y aquí estamos, otra vez, y te agradezco aquel tiempo y aquel sueño que comencé contigo’. Y sigo soñando...
Habla de la servidumbre, de la manera en la que nos relacionamos con el poder, teniendo en cuenta que los que ostentan ese poder no dejan de ser seres humanos. Tiene muchos niveles, pero se trata de cómo servimos al poder y acabamos peleándonos entre nosotros por servir. También habla de la posibilidad de la rebelión y, al final, de la relación entre los seres humanos. Son dos personajes que paradójicamente son dos asesinos (risas), así que coloca al ser humano en uno de los estratos menos deseables y da la posibilidad de matarnos los unos a los otros. Su relación con el montaplatos es su relación con Dios, con el que está arriba mientras tú estás abajo. Es muy metafórico.
• El propio Pinter dice que su objetivo es observar lo que le ocurre a la gente. Para conseguirlo elige una habitación, ¿qué representa para los personajes?
Como siempre Pinter se mueve entre diferentes niveles: desde lo más cotidiano a lo más misterioso. Les coloca en un sótano, lo que podría ser el subsuelo de una antigua cafetería o restaurante, donde les llegan pedidos a través del montaplatos. Yo le llamo el vientre de la bestia. De alguna manera es un tercer personaje, es ese algo intangible que nos rodea y que nos cuestiona, es el misterio de alguna manera.
• ¿Cómo es el Pinter de este texto?
Es una obra de los 60 por la que han pasado ya cincuenta años y sigue siendo apasionante. Es un Pinter muy mordaz, en el que todo eso te lo describe con mucho sentido del humor. El gran gancho de la función es que te ríes mucho de esos personajes y, sin embargo es terrible, son dos hombres enfrentándose a la muerte. Es una especie de pesadilla cómica.
• Últimamente se prodiga más en la dirección que en la actuación, ¿no echa de menos subirse al escenario?
No me interesa hacer un personaje que me ocupe la cabeza cuando prefiero tener-la en otro lugar desde fuera para poder transmitirla. Ahora me interesa más dirigir.
• Es más que probable que no exista, pero si hubiese alguien que no conociese esta compañía, ¿cómo la definiría en pocas palabras?
Una compañía independiente que intenta hacer el teatro que desea y que normalmente hace el que puede. No sólo por necesidad económica, sino porque muchas veces deseas hacer cosas, pero el mundo a tu alrededor también te obliga a echarle una mirada. Una compañía que se rige por el derecho y el deber.
• Desde que comenzó la crisis, muchos teatros municipales no pagan lo que compran, lo que hace que las compañías estén con el agua al cuello. ¿Cómo sobrevive un grupo de teatro independiente?
Mal, mal. Lo llevo diciendo en la prensa desde hace mucho y es muy grave. De alguna manera se está dando el dato paradójico de que estamos nosotros subvencionando al Estado en vez del Estado subvencionándonos a nosotros porque nos cobra el IVA antes de darnos los Ayuntamientos el dinero que nos deben. Estoy teniendo que pedir líneas de crédito para poder pagar a los actores para que vayan a una función que no nos van a pagar. Es muy difícil, pero debe haber una manera de organizarse para que todo el mundo cobre, ayudarse, cooperativizar el asunto, compartir gastos…
Es un texto extraño, enigmático, muy poético y en él se concitan todas las constantes, todas las obsesiones de Calderón. No es una obra realista, es una obra simbólica, por eso mismo está cargada de sugerencias, de poesía, de profundidad, poéticamente es espléndida.
• Fue el catedrático Antonio Regalado quien antes de poner en escena “Eco y Narciso” le descubrió esta desconocida joya...
En ella, Calderón se manifiesta como un gran poeta, un gran constructor y sí, es una obra muy poco conocida. Está en esa estela de “La vida es sueño”, donde a partir de un drama filosófico se habla de lo humano, de la cuestión política, de la razón de Estado. La premisa de la obra es esa incapacidad de distinguir entre la realidad y las apariencias. Creo que llevado a nuestros días es un tema que también está muy al día.
• Precisamente uno de los personajes, Heraclio, dice “una vida vale más que un reino”. Es éste quizás un buen mensaje para este presente…
Se plantean dos formas de entender la vida política: una, heredera de la tradición de Maquiavelo, donde el fin justifica los medios y la otra es la que pone coto a esta actitud. Calderón desliza mensajes muy en contra de esa teoría: habla de que una vida vale más que un reino y plantea eso que luego los juristas desarrollaron, ‘in dubio pro reo’, ante la duda siempre es preferible que un supuesto culpable quede libre a que un supuesto inocente sea condenado. La obra en este sentido tiene este interés y esta vigencia.
• Y aún así es un texto casi desconocido. ¿Insistimos siempre en apostar por ‘lo seguro’?
Tenemos un patrimonio tan ingente que mucho está todavía por descubrir. Es verdad que nuestro patrimonio teatral merece y debe ser mucho más fomentado y en ese sentido la CNTC está haciendo un trabajo excepcional de rescate de obras desde su fundación.
• Durante los próximos cinco años le vamos a ver al frente del CDN. ¿Cómo lo afronta?
La afronto con ilusión, con mucha responsabilidad y con conciencia del momento complicado que estamos atravesando, pero estimulado porque soy de los que está convencido de que el trabajo y la dedicación, hoy más que nunca, tienen que ser el principal capital.
• ¿Cuáles son los pilares del proyecto?
La creación dramática y escénica contemporánea, la investigación y la racionalización del gasto, pero con mucha ambición tanto de producción como de difusión, tanto en España como en el extranjero, de nuestro teatro. He planteado la colaboración con la empresa privada, con los grupos, con las compañías y con otras instituciones de ámbito estatal y el trabajo con los públicos y, en especial, todo lo que se refiere al ámbito académico.
• José Saramago definió el texto como “un alegato impresionante contra las perversiones de espíritu que pueden hacer del hombre, demasiadas veces por desgracia, el más feroz de los animales”. ¿Coincide con esa opinión?
Sí, estoy de acuerdo. Estamos hablando de un terrorista, de un tipo marginado de la sociedad y un asesino en serie. Está siendo torturado, todos los derechos humanos los tiene aniquilados en ese momento y lo único que le queda es la palabra. Aunque sea una bestia, un animal, un monstruo tenemos la obligación de escucharle.
• Alguien capaz de asesinar fríamente, pero también un ser humano… ¿Cómo resuelve este dilema el texto de Javier Ortiz?
No resuelve nada, sólo plantea interrogantes ante una situación muy complicada, que es que un terrorista ponga una bomba en medio de una plaza con un plazo determinado. Plantea si sería legal torturarlo o no para sacarle información. Sabemos que muchos gobiernos lo hacen con motivos secretos. Un caso tan extremo sería un caso de excepcionalidad para torturar, ¿sí o no? Es una cuestión muy moral.
• ¿Pedro Casablanc tiene respuesta para esa pregunta?
De una manera fría y objetiva, diría que no es lícito, pero hay que verse en la situación. ¿Qué pasaría si tuviésemos un hijo en esa plaza donde va a estallar una bomba? ¿Se puede torturar a los que han hecho desaparecer a tu hija y no te dicen dónde está? No soy el más indicado para dar respuesta a eso, simplemente como actor planteo esos interrogantes.
• ¿Qué es lo primero que se le pasó por la cabeza después de enfrentarse a este texto por primera vez?
La enorme dificultad que plantea: es mucho texto y es la primera vez que me enfrento a un monólogo. El reto es lo que siempre me atrae de un texto, pero me produjo cierta zozobra ver el tema que trataba y la implicación personal que había que hacer. Pero me lo propuso Carles Alfaro, que es el director y a quien respeto muchísimo, y sabía que su nivel de exigencia no me iba a permitir hacer cualquier cosa.
• Ha dicho que éste ha sido uno de los grandes retos de su carrera teatral. En el plano físico ha sido complicado…
Sí, es complicado, pero, al final, ha resultado muy satisfactorio y muy gozoso. Estoy durante la hora y cuarto que dura el monólogo encerrado en una caja de cristal, esposado de pies y manos y desnudo. ¡Me faltan pirañas que me estén comiendo los pies! (Risas). El trabajo físico también es importante, pero creo que lo requiere y que forma parte de la situación del personaje.
• Asesinos, terrorismo, tortura... ¿Con qué sensaciones sale el público?
Hasta ahora no hemos tenido ningún abucheo ni ninguna manifestación, que sería completamente lícita. Es un texto que levanta ampollas y que puede tener partidarios y detractores de una manera muy ferviente. Hasta ahora he tenido un público muy educado, muy cívico, que ha aguantado hasta el final. La gente sale muy tocada. Es un espectáculo que les hace replantearse muchas cosas.
• ¿Cómo termina el bailarín estrella de la Ópera de París dirigiendo la CND? ¿Necesidad de nuevos retos, compromiso, amor a lo que uno hace?
Todas esas cosas y el hecho de que mi etapa de bailarín haya terminado. Es como una prolongación lógica de mi trabajo.
• Lleva desde septiembre al frente de la Compañía Nacional de Danza. ¿Qué balance hace de este tiempo?
Ha sido un momento de encuentro, de conocernos, de empezar a poner en marcha esta nueva andadura y de descubrir muchas cosas. Pensaba que los bailarines sólo hacían contemporáneo y estamos empezando a abrir el abanico que va a tener la compañía en el futuro.
• Y a partir de aquí, ¿con qué tipo de compañía sueña José Carlos Martínez?
Me gustaría que fuera una compañía muy ecléctica, es decir, que sea a la vez una compañía nacional que pueda exportar el talento nacional y que pueda traer a España a los grandes coreógrafos de hoy.
• Su puesta de largo como director es en el Teatro de la Zarzuela. ¿Cómo lo afronta? ¿Hay nervios?
No hay nervios, porque es como una carta de presentación de lo que será la compañía en el futuro. Es un primer paso, veremos a la compañía en plena evolución. Es excitante el poder hacer que el público participe del cambio. La suma de las cuatro piezas va a hacer que sea un espectáculo para todos los públicos.
• Ha dicho que es necesario que en el futuro la CND esté mucho más presente en el panorama artístico de nuestro país. ¿Cómo se consigue eso?
Hasta ahora la compañía ha viajado sobre todo por el extranjero y bailaba muy poco en España. Primero hay que empezar a bailar en los teatros y luego hay que conseguir salir y bailar en otros espacios para que la gente que no tiene costumbre de ver danza la descubra y diga ‘por qué no, la próxima vez voy a verlos’. Y también haciendo una función didáctica, pedagó-gica de ir a colegios, a universidades. Creo que hay que hacer el esfuerzo de ir hacia ellos para que luego vuelvan al teatro.
• ¿Cómo ve a las nuevas generaciones de bailarines?
Hay gente muy motivada y entusiasmada con este nuevo proyecto. Vamos a poder formar una CND muy potente y con bailarines versátiles, que tengan una técnica clásica en principio, pero a los que también queremos formar en contemporáneo.
• ¿Qué atributos tiene que tener un buen bailarín?
Para mí lo principal es tener cerebro. Trabajar, tener posibilidades físicas, tener unos pies bonitos... todo eso cuenta, pero lo que cuenta más es la inteligencia y la sensibilidad que tiene el bailarín.
• ¿Qué le puede aportar José Carlos Martínez a la CND y viceversa?
Como bailarín y como coreógrafo he mezclado clásico y contemporáneo y puedo aportar esa visión amplia y dar una oportunidad de bailar de todo. Y la CND me va a permitir y me está permitiendo ya el hecho de continuar bailando, es como si siguiera bailando sin utilizar mi cuerpo.
Es una propuesta diferente ganadora del Premio Moliére 2010 cuyo autor es un actor de toda la vida de la Comedia Française. Se ha basado un poco en este teatro, pero a la vez en sus experiencias personales para el monólogo. Cuenta con una parte muy divertida y con una dramaturgia muy interesante además de mucha poética. Yo lo llamaría más bien una pieza teatral que un monólogo.
• ¿Qué temas subyacen al texto?
Muchos, pero el eje principal es la confusión de que nada es lo que parece. Veremos la historia de un chico al que todo el mundo ve de una manera –sus padres, sus hermanos, en el colegio– por su forma de ser o de expresarse. Están equivocados con él y, al final, una gran sorpresa. La obra habla de que nos pasamos la vida etiquetando a los demás.
• ¿Qué le llamó la atención de este proyecto?
Lo sencillo que es por una parte, una propuesta casi unipersonal, una especie de concierto de música, un desenchufado, un actor y tres elementos en un texto muy bonito, pero, a la vez, es complicado porque no sólo interpretas a Guillermo sino también a los treinta personajes que le rodean.
• ¿Cómo se ha adaptado la obra?
La obra se ha logrado adaptar manteniendo la esencia. Julián Quintanilla –adaptador y director– ha vivido muchos años en París, conoce muy bien el teatro, ha podido conocer al autor… ha mantenido la esencia del personaje y de lo que le pasa. De hecho, es excesivamente duro porque no me deja cambiar ni una coma (risas). Se han cambiado algunas cosas porque lógicamente el personaje había que traerlo aquí, pero se ha mantenido lo que se quiere contar.
• Se dice que en tiempos difíciles la risa reconforta doblemente. ¿Por qué hay que ir a ver “¡Guillermito y los niños, a comer!”?
Sobre todo porque la gente se va a divertir, por la sencillez, porque es un trabajo muy honesto y creo que la cartelera madrileña necesita estas propuestas a medio camino entre lo que es un espectáculo comercial, divertido, pero con un toque de riesgo. El Lara está demostrando riesgo y ganas de conectar con el público.
• ¿Por qué tipo de teatro apuesta Secun de la Rosa?
Abogo mucho por el texto, por darle valor a la dramaturgia y por encontrar un viaje, algo que contar, aunque sean preguntas. Quizá porque vengo de una compañía de teatro pequeño, me gusta mucho el trabajo artesanal de actores y texto. El público tiene que pasar un buen rato pero eso no significa que tenga que ser comedia, uno se puede divertir reflexionando.
• Y también “The Hole”...
Escribí los textos, me lo pidieron Yllana y Paco (León). Es un espectáculo muy vivo y cada vez que voy veo algo nuevo. Reconozco cosas mías pero el mérito es de los artistas que hacen suyo el texto.
Mucha ilusión. Era un reto que me apetecía muchísimo y me ha aportado superarlo, darme cuenta de que puedo. Además, pasar una época muy divertida y muy simpática, rodearme de gente nueva que me ha gustado mucho conocer y, claro, estar cada noche cantando y bailando. Aunque tiene sus días duros, que hemos pasado la gripe todos y ahí estábamos (risas).
• ¿Y qué le ha aportado usted al espectáculo?
Ilusión y entrega. Defenderlo ‘a tope’, estar ahí a por todas.
• ¿Cómo es la tribu de “Hair”?
Somos 29 actores, cada uno con un personaje muy claro. Todos nos necesitamos a todos, tanto que “Hair” sin la tribu no sería lo mismo. Somos una pandilla de amigos que estamos juntos, hemos decidido vivir juntos en el parque, cantamos, hablamos, contamos las cosas que están pasando en la actualidad, como una gran familia.
• Algo parecido, supongo, a la tribu de actores que son...
Sorprendentemente, nos llevamos genial, incluyendo a los músicos. Hay muy buena sintonía, todos nos ayudamos. Se ha creado un equipo de trabajo todos a favor de la obra.
• A punto de decir adiós, no conviene perderse “Hair” porque… pasas un buen rato, porque te va a sorprender. Es como ir a un concierto de rock, hay muchísimas canciones en directo y a parte tiene momentos divertidos. Es un plan genial.