• Cuándo le dicen “Hair”, ¿qué es lo primero que se le pasa por la mente?
Central Park, el capitolio de Washington, multitudes en la calle luchando por sus derechos, largas melenas, la revolución sexual, los años sesenta.
• ¿Qué ha sido lo más duro de este musical?
Afrontar con compromiso y respeto meterse en la piel de un hippie sin caer en un estereotipo. Darles dimensión a esos seres que en un momento no tan lejano crearon la revolución a favor de derechos que no hace tanto que tenemos y que, a veces, damos por sentado. Y mantener en forma mi cuerpo y mi voz. ¡Cantamos casi 40 temas en directo con una banda de rock ocho veces por semana!
• ¿Qué le aporta el público de Madrid a “Hair”?
Vida. Sin el público, especialmente en “Hair”, no somos nada. La cuarta pared apenas existe. Y el público de Madrid nos recibe con especial reconocimiento y generosidad.
• Hay que ir a ver “Hair” porque… Es una inyección de vida y por el talento de todos y cada uno de los componentes de la tribu. Es alucinante trabajar en esta compañía.
• Cuando uno está metido de lleno en esta tribu, ¿tiene tiempo para pensar en otros proyectos? ¿Algo que se pueda contar?
Algo nuevo en teatro que está por llegar y seguir escribiendo, que me gusta tanto como actuar.
Es una de las obras escritas después del 2000 más hermosas que he leído y soy una fanática del teatro. Es una obra que dentro de unos años será considerada un clásico.
• Interpreta a Violet Weston...
Es una mujer algo desquiciada, drogada, que añora sus años de joven. Ha luchado siempre por su familia, pero tiene rencor. Cuando tenemos hijos se lo damos todo, pero cuando se marchan siempre hay un egoísmo por parte de los padres, sobre todo de esta madre, de querer recuperarlos y eso es imposible.
• ¿Cómo es la relación de esta mujer con sus hijas y su nieta?
Desde Bárbara, la mayor, hasta la nieta van a heredar algo de esa amargura que tiene esta mujer. La relación es francamente de madre a hijas y a nieta, sólo que distorsionada por un desequilibrio producido por pastillas, tranquilizantes, etc.
• Coincide con Carmen Machi, que ha dicho que no quería morirse antes de compartir escenario con usted…
En su generación no existe otra actriz mejor, la admiro absolutamente y sólo de verla ensayar me quedo con la boca abierta. Que Vera nos haya unido es un premio.
• Apartada del teatro desde 1998, ¿cómo está siendo la vuelta?
Estoy entusiasmada y con todos los miedos puestos, como siempre que uno hace teatro.
• ¿Qué se esconde tras las paredes de esta gran mansión de Oklahoma?
El interior es una ‘olla a presión’. Una casa en la que es difícil respirar; el aire está ‘enrarecido’. El extremo calor no es sólo algo externo, sino la temperatura emocional que envuelve a una familia que se reúne después de años a raíz de la desaparición del padre.
• ¿Que es lo mejor que ha hecho Tracy Letts en este texto?
Es un texto implacable, una montaña rusa que atrapa al lector/espectador. Tracy Letts ha conseguido entrar en los ‘bajos fondos’ de esta familia con una gran crudeza y con un humor inmenso.
• ¿Cómo es Ivy Weston, su personaje?
Es la única hija que se ha quedado a vivir cerca de los padres y que se ha ocupado de ellos. Siente que ha renunciado a tener su propia vida. Está soltera, no tiene hijos y cuando empieza la obra está a punto de darle un giro total: está enamorada y planea marcharse. Pero no es fácil: se trata de una relación ‘ilegal’ y los acontecimientos familiares la atan cada vez más a esta casa.
• Y detrás de todo lo que envuelve a la obra, ¿algún mensaje?
Esta familia es el resultado de una manera muy enferma de relacionarse, una manera que conduce a la adicción, a la muerte... que arrasa y lo destruye todo. Es, tal vez, el reflejo de una sociedad cada vez más alejada de lo amoroso, cada vez más disfuncional.
• ¿Qué sintió la primera vez que se enfrentó a este texto?
Vi esta función en Nueva York hace cuatro años y salí emocionada y diciendo ‘por favor, que en algún momento alguien haga esta función en España y que me llamen para hacer el personaje de Jean’.
• ¿Con qué se queda de este texto?
Me quedo con esa autenticidad, con esa capacidad de Tracy para que te puedas sentir identificado con cada situación y con esa forma de retratar a los personajes.
• Es Jean Fordham, la hija de Bárbara y Bill. ¿Qué nos diría de ella?
Es la menor de la familia Weston, la más inteligente. Es muy brillante, muy divertida, muy peliculera. Es un punto muy importante en la función porque es el futuro, la generación que viene. Es una observadora de toda esa degradación o putrefacción que se acumula en esa familia.
• ¿Qué siente una cuando llega a ese primer ensayo y ve una mesa enorme con doce grandísimos actores y Gerardo Vera como director?
Me siento emocionada, muy feliz y llena de gratitud a Gerardo por la oportunidad de poder enfrentarme a este texto y con muchas ganas de poder verles trabajar todos los días y poder aprender de ellos.
Historias familiares. Es la trayectoria de una mujer que ha dejado secuelas en su hija y en otra familia. Matilde es una mujer que no se resignó a las prohibiciones de su época y que se saltó alguna que otra norma establecida por vivir un amor importante que duró a lo largo de toda su vida.
• Matilde ya lo ha vivido todo...
Ha vivido lo que le ha tocado, yo no diría todo. Ha hecho mucho esfuerzo por vivir más de lo que le permitían, algo que en épocas de prohibiciones tiene mucho valor.
• En su caso, ¿siente que le ha quedado algo en el tintero?
Cuelgues de ‘Ay, quería hacer esto y no lo hice’, no. Mi intuición me ha favorecido mucho, tengo una especie de radar.
• ¿Qué tiene un texto para que Lola Herrera diga sí?
Que al leerlo me entusiasme, me haga sentir cosas. Que sea un buen texto en el que apoyarte y que tenga los ingredientes suficientes para poder llevarlo a cabo, unos buenos personajes y una buena dirección. Y, por supuesto, que haya un productor solvente que dé a los montajes que hace lo que necesitan.
Matías es un perdedor de cuarenta y tantos años que tiene tres divorcios en litigio, que nunca ha podido concretar un proyecto... La obra empieza cuando él llega a Madrid a hacerse cargo de un piso de 300 metros que le ha dejado su padre en herencia y descubre que tiene trampa, que no es todo para él y que tiene que compartirlo.
• La obra es una alta comedia. ¿Es mejor hablar de amor, soledad, fracaso y miedo en tono de humor?
Claro. Hay un toque de humor muy fuerte de entrada, también fue un requerimiento de la producción y de Lola que este tema planteado así tuviera un ingrediente de comedia que le permitiera ser más agradable. Un drama con toque de humor hace las cosas más llevaderas.
• Matías regresa de Buenos Aires con motivo de la muerte de su padre. Cierto paralelismo con Daniel Freire, que también vino de Argentina…
Los motivos fueron muy diferentes. En la obra vemos a un hijo que viene a resolver cosas para volverse a Argentina y yo me vine por afecto, por amor, porque la vida me trajo hasta aquí, por seguir a alguien... Y aquí estoy.
Concha es la hija de Matilde. Es una mujer que se pone muchas capas. En el fondo es una mujer sensible, le cuesta abrirse a los demás y a la vida por su sensibilidad, protege su corazón y utiliza como defensa un mal carácter, está aparentemente enfadada con el mundo, con la vida, con todo.
• Si tuviese que definir esta obra en una frase…
Es una buena comedia en la que predominan los sentimientos.
• Y si tuviese que decirle algo al público para que fuese a verla...
Es un montaje donde los actores, como decía Federico Luppi, sudamos la camiseta y, al ser comedia, notas la presencia del público, un público que ríe y acompaña como un personaje más. Creo que es atractivo para el público formar parte de la historia que está siguiendo y, de alguna manera, está interactuando con sus emociones. Además, la comedia no deja de tener una parte crítica que, a través de la risa, ayuda a reflexionar.
• ¿Tenemos que olvidar que cantamos por Sabina y sumirnos más en la historia que viene a contarnos el musical?
La historia es potente. Sabina sólo hay uno y no intentamos que la gente lo vea en el escenario. La premisa es entretener al espectador, hacerle vibrar y participar en todo lo que propone el musical. A Sabina hay que buscarle dentro de la historia.
• Usted es El Tuli, el amigo que entra en la cárcel. ¿Qué destacaría de él?
Es un tío auténtico. Fiel, pasional, leal, aunque no dentro de la legalidad... Es un regalo de personaje. Y canta canciones preciosas.
• ¿Se siente identificado?
Como Sabina dijo en el estreno, yo no me siento orgulloso de mí porque me conozco... Lo que he dicho de El Tuli es para sentirse orgulloso y yo me conozco, no soy tan auténtico como él.
• Es su primera vez en un musical...
He tenido que trabajármelo mucho para estar aquí. Hacer algo con el nombre de Sabina seduce según te lo cuentan. Me gusta cantar, me gusta el teatro y vi que éste era el mejor proyecto, y a lo mejor el único, en el que podía desarrollar honestamente estas dos cosas.
•¿Álex Barahona es fan de Sabina?
No. Soy conocedor de sus letras. Ahora más, evidentemente. Pero he podido estar con fans auténticos y no me puedo considerar como tal. Aún así, sé lo que supone su figura en el panorama cultural y es un honor que, indirectamente, me haya dejado disfrutar de su obra.
• ¿Se siente más vértigo al enfrentarse a un cantante que es más poeta y a la vez gran narrador de historias de esa forma que algunos consideran única?
Al revés. Se siente uno más protegido. Su obra es tan elocuente que realmente hace falta muy poco más desde el punto de vista de la interpretación.
• Tras el estreno en octubre de “Más de cien mentiras”... ¿Sensaciones encontradas?
Desde que empecé tenía en la cabeza el día del estreno. Pero acabar cantando una ranchera abrazado al director, a los compañeros, a Pancho Varona y, por supuesto, a Joaquín Sabina no estaba en mis planes. Que lo viera Joaquín era importante. Él fue quien nos dio el pistoletazo de salida para empezar a disfrutar con el público que viene todos los días.
• Han contado con el apoyo del guitarrista y compositor inseparable de Sabina, Pancho Varona...
Pancho ha compartido el proceso con todos nosotros: Ensayos, miedos, alegrías... No olvidaré lo que brillaban sus ojos el día que vio por primera vez el montaje.
• Ha dicho Sabina que va a abonarse “a la primera fila 500 noches”...
Sí, lo dijo... pero yo estaba allí, y lo dijo por las chicas del elenco (risas). El comentario para todos fue que estaba orgulloso de nosotros. Es bonito participar en algo que haya emocionado a una persona como él.
No es el purgatorio como lo definen las iglesias católicas y coptas. No hay salida, no es un sitio para conseguir el pase al ‘cielo’. En la obra es un sitio donde dos personas necesitan pedir perdón y perdonar idealmente de manera simultánea para dejar de sufrir. Ese es un proceso continuo, hay que seguir trabajando con sinceridad absoluta, como en cualquier relación, para mantener el equilibrio y el amor verdadero.
• ¿Cómo definiría a su personaje?
Un guerrero, un hombre ambicioso acostumbrado a conquistar obstáculos y personas con la fuerza de su voluntad, algo impaciente, que piensa que puede encontrar una salida del llamado ‘purgatorio’ sin hacer el trabajo a fondo. También es un hombre enamorado perdidamente de la ‘mujer’ en la obra.
• ¿Los personajes se comportan igual cuando interrogan que cuando son interrogados?
No, pero al final se los ve venir un poco, cuando cada uno a su manera se impacienta, se enoja, se asusta, miente y deja ver quién es de veras.
• ¿Es posible ese perdón sin condiciones del que hablan?
Es posible el perdón sin condiciones. Yo soy capaz. No sé si al final lo haré del todo y con todo, pero claro que es posible y que soy, al igual que cualquier persona, capaz de ello. No hay nada imperdonable, por horrible que sea. Ahora, es importante subrayar que el castigo y la memoria de los hechos no se excluyen cuando se perdona.
• Es un proyecto largamente esperado. ¿Este tiempo ha servido para reposar ideas?
Han cambiado muchos detalles en el texto y alguna cosa estructural durante todos los ensayos bajo la dirección de Josep María Mestres, incluyendo los que se hicieron con Ariadna Gil, con Emma Suárez y últimamente con Carme Elías. La versión actual es algo más precisa, afinada por Ariel Dorfman durante el largo proceso de preparación que nos llevó finalmente al estreno en el Matadero. El autor usará esta versión para renovar las versiones en inglés y en otros idiomas.
• Esta producción supone su vuelta al teatro tras una larga ausencia. ¿Cómo supo que éste era el texto adecuado?
La verdad es que, a veces, puede ser un texto bastante difícil de entender, aprender y pronunciar. Nos ha costado bastante trabajo y en algunos momentos me pregunté si no hubiera sido más sensato participar en una obra menos desafiante. Al final me siento bien por lo que he aprendido y sigo con el aprendizaje todas las noches con mi excelente compañera. Es un lujo este desafío, un lindo cuento para reconstruir y presentar juntos cada día.
• ¿La primera vez que leyó el texto le costó decidirse?
No me costó nada. Lo leí una vez y otra y otra y cuanto más lo leía, más puertas se abrían y lo seguí leyendo y estudiando con pasión, hasta hoy.
• ¿Cómo es su personaje?
Una mujer dolida tratando de sanar de una herida todavía abierta, una mujer que ama y odia, traicionada y humillada, que ha cometido uno de los actos más atroces que podamos imaginar y debe convivir con ello.
• El terapeuta le pregunta por qué merece un trato especial y ella contesta “porque soy especial”...
¿Quién no se cree especial? Éste es un personaje que podemos encontrar un día cualquiera en cuanto abrimos el periódico o ponemos la tele. Lo que la hace grande es cómo nos remite al mito. Estamos hablando de Medea, el frágil hilo del tiempo las une y la defensa de los sucesos que la han llevado a su personal tragedia es tan conmovedora, estremecedora y convincente que uno no puede quedarse indiferente. Eso es lo que la hace tan especial y actual.
• ¿Cuál es el momento más difícil de toda la obra y cómo se solventa?
La narración de cómo mató a sus hijos. Es un vértigo todos los días y no puedo hacer más que confiar en que todo lo ensayado tanto tiempo surgirá; en la enorme confianza que siento con Viggo, que siempre esta ahí con su enorme talento, y en la confianza en el público al que tenemos muy cerca...
• ¿Cómo se defiende a una mujer que cuenta cómo mató a sus hijos?
Porque ama a esos hijos, porque es una víctima de unas circunstancias, pero, sobre todo, por el dolor que siente.
• “Purgatorio” habla de la redención, del perdón. ¿Carme Elías sería capaz de perdonar cualquier cosa?
Es difícil responder. No me siento capaz de perdonar cualquier cosa, pero quiero creer que el hecho de ser consciente de ello ya me pone en el camino del perdón. Admiro a esos seres que han sufrido lo inimaginable a lo largo de la historia y han sido y son capaces de perdonar. Porque ahí empieza la redención, y no utilizo el término en un sentido religioso. Son un enorme ejemplo porque con rencor o ansia de venganza la vida no es vida.
• Mestres, el director, ha dicho que quería que el público sintiese el dolor de los personajes como propio. ¿Creen que lo han conseguido?
El público reacciona muy bien. Lo que quede de lo que intentamos no está a nuestro alcance, pero ahí están acompañándonos cada noche.