• Es el dueño del karaoke en el que se reúnen estos cuatro ‘perdedores’. ¿Cuál es el problema que arrastra su personaje?
Tiene una tara física: tiene un miembro desproporcionado. Esto que parece que a cualquiera le pudiera gustar, a él le ha traído muchas desgracias en la vida. Entonces decide venir a la ciudad para ser un ser anónimo y montar un karaoke porque él dice que por lo menos una canción, la canción de tu vida, te alegra la vida y te hace olvidar todos los problemas que tienes.
• Y su canción es...
Yo canto “Libre” de Nino Bravo. Recordar para olvidar.
• Incomunicación, problemas, miedos, sole-dad… ¿Es una obra triste?
No, para nada. Al final la gente siempre dice ‘jo, te vas a casa pensando y con un nudito en el estómago’, pero, por el contrario, es una comedia donde la gente se ríe muchísimo.
• ¿Ha pisado Ángel Pardo alguna vez algún karaoke?
Muy poco, no es una cosa que me entretenga, pero hubo un momento en la calle Echegaray donde había un sitio donde nos juntábamos varias generaciones de actores y al dueño un buen día le dio por poner un karaoke. Cuál fue la sorpresa que estábamos allí todos cantando todo el día (risas).
• Además de amansar a las fieras, la música puede servir también de tabla de salvación algunas veces...
Yo siempre pienso en los sordos, qué gran problema. Lo que te evoca la música en un momento determinado no lo vas a olvidar. Y luego hay varios momentos salpicados con esas músicas de nuestra vida que creo que, sobre todo, engrandecen el espíritu.
Es una comedia para el corazón llena de ironía y mala leche.
• Interpreta a Estrella. ¿Quién es su personaje y cómo es?
Estrella es una persona inmadura y algo infantil, empática con las relaciones que tiene y que está deseando dar todo el amor que lleva dentro.
• Cada uno de ellos posee una canción, un tema que les hace recordar y revivir los únicos momentos felices de sus vidas. ¿Cuál es el suyo y qué le hace recordar?
La canción es “En un mundo nuevo” de Karina y es una canción con una letra muy positiva que ella reza como un padrenuestro. “En un mundo nuevo se harán realidad los sueños que un día sentí”.
• ¿Cómo se le da eso de cantar?
En la función canta el personaje, no yo, entonces canto como lo cantaría Estrella. A mí no se me da mal, pero hay veces que, como todo el mundo, algunas veces nos venimos arriba y creemos que cantamos mucho mejor de lo que lo estamos haciendo (risas).
• Entonces, ¿le gustan los karaokes?
Soy asidua del karaoke de Mostenses, al lado de Gran Vía, donde nació esta función.
• Ha trabajado varias veces a las órdenes de Juan Luis Iborra, tanto en teatro como en cine. ¿Por qué repite tanto?
Juan Luis y yo nos entendemos muy bien trabajando, estamos muy relajados y después de tanto curriculum juntos nos miramos y sabemos qué es lo que necesitamos. Es un placer trabajar con él porque es una buena persona y muy buen director.
• “Historias de un karaoke” tiene sorpresa para el público...
Tenemos la oportunidad de que el público cuando llegue, antes de que empiece la función, suba a cantar su canción.
• ¿Cuál es la canción especial de su personaje?
“La vida sigue igual” de Julio Iglesias. Esa canción es una ironía importante porque justamente para ella la vida sigue completamente diferente.
• ¿Por qué?
El problema de Marisa es que se equivocó públicamente en dos grandes ocasiones: dando el Gordo de Navidad cuando era pequeña y dando las uvas. La gente se ríe de ella por la calle, por eso se mete en ese karaoke y termina siendo camarera allí. Es un refugio para ella y para el resto de personajes.
• ¿Qué se aprende de actores como Elisa Matilla, Juanjo Artero o Ángel Pardo?
Como cada uno tiene una cosa especial encima del escenario yo aprendo mucho. La tranquilidad de Ángel Pardo de dominar lo que hace perfectamente; la frescura de Juanjo, que cada día introduce algo nuevo y tienes que estar atento, vivo y de Elisa, la profesionalidad y la técnica, tiene magia, un halo especial.
• ¿Por qué hay que ir a ver esta obra?
Porque es una función muy divertida. Pasas de ver a estos cuatro personajes como ‘frikies’ a identificarte con ellos. Te ríes muchísimo, te emocionas mu-cho y pasas un buen rato.
• ¿Cómo definiría esta obra? Porque parece casi una reflexión sobre la condición del ser humano...
Una reflexión sobre la condición del ser humano y sus patologías.
• Interpreta a la madre de Nik y a la madre de esta familia.
Es una mujer con un gran desequilibrio emocional por su educación, por falta de afecto y de una satisfacción emocional en la infancia y también en su madurez. Esto le hace actuar de una manera casi patológica, una extrema sensibilidad la lleva a actuar de una manera que es casi irracional.
• Y, por ende, ¿cómo es la familia, cómo es la relación que se establece entre los miembros de la familia?
Son personas con alto grado de desequilibrios emocionales, básicamente afectivos. Cuando no hay amor en un ser humano, empiezan las patologías.
• Un entorno enfermo produce enfermos sin cura. ¿Qué debe hacer esta familia para superar este círculo vicioso?
Olvidarse de orgullos personales y seguir un camino hacia la humildad a través del amor.
• Una historia dramática sin duda, pero ¿hay humor?
Irremediablemente hay humor porque es un humor cínico. Todas las tragedias grandes si se miran con cierta distancia producen comicidad.
• Su carrera ha estado sobre todo ligada a los escenarios. ¿Qué representa el teatro para Carmen Conesa?
Es mi vida y mi tabla de salvación en momentos de duda existencial. El teatro siempre me vuelve a la realidad y me dice ‘aquí estoy y nunca te olvidaré’. El teatro nunca te olvida.
• Sin contarnos la historia, ¿de qué habla “Münchhausen”?
Es difícil porque son bastantes historias juntas. Es la historia de una familia. El protagonista es Nik, el hijo, un niño al que se le va a ver evolucionando.
• Nik sabe lo que es el miedo porque es un niño enfermo.
Nik tiene miedo a muchas cosas. Va a ir descubriendo cosas sobre su enfermedad y sobre la vida y llega con siete años a tomar la decisión más importante de su vida...
• ¿David Castillo sabe lo que es el miedo? ¿A qué le teme?
A muchas cosas. Tengo mucho miedo a la muerte, tengo mucho miedo a la soledad, a la oscuridad, tengo mucho miedo a muchas cosas, al fracaso.
• Es su primera gran experiencia en teatro… ¿Cómo lo está viviendo?
La verdad es que estoy disfrutando mucho en los ensayos, también porque estoy todos los días al pie del cañón. Hay un equipo que es la bomba, que estoy encantadísimo con ellos y que me parecen los mejores. El director, Salva, es un tío muy inteligente, que sabe transmitir muy bien las cosas y Luis Luque, su ayudante, es muy bueno como profesor de cuerpo.
• Le hemos visto crecer en “Aída”. ¿No le pesa de momento el personaje de Jonathan?
No, la verdad es que no me pesa para nada. Es un sitio donde estoy aprendiendo mogollón, tengo la suerte de poder contar con la mejor escuela, que son mis compañeros, y encima trabajar. Estoy maravillado con ellos, me parece que tengo a los mejores profesores del mundo. Compartir escenario con Carmen Machi para mí es una de las mejores experiencias.
En mi experiencia personal, es una obra atravesada por la extrañeza de la vida, por la condición humana, el tiempo, el amor como sentido y la conciencia de la muerte.
• Interpreta a Natalia, ¿cómo es?
Una mujer-madre, argentina y exiliada voluntariamente en España, por amor, vino siguiendo a un hombre y arrastró con ella a su hija Marianela. Natalia insiste, espera, reclama, sufre, insiste, espera, reclama, sufre, insiste... su vida se reduce a esa espera de algo que parece no va a suceder nunca. Es, además, muy lúcida, por momentos, y capaz de ver la vida en perspectiva, de reflexionar y pensarse, de hacer un análisis preciso e inteligente.
• Ha trabajado en varias ocasiones con Pablo Messiez...
Pablo me conmueve ya por ser, por existir. Es, además del director con el que trabajo, una evidencia del amor en mi vida, un enorme amigo. Tengo la impresión de que todo él está continuamente en ‘la belleza’, como si, a su pesar, todas las cosas de la vida, en sus ojos, se volvieran bellas.
Con la idea de fragilidad del ser humano, con su necesidad de ser amado, de ser comprendido, de encontrar a un ‘otro’.
• Interpreta a Marianela. Háblenos de su personaje…
Es una mujer enamorada. No tiene nada excepto eso y su fe religiosa. Para todo el mundo es fea, pobre, desgraciada, salvo para el ciego al que cuida, que al no verla reconoce en ella a un ser especial. Es un amor basado también en la imposibilidad y necesidad del otro.
• Repite con Pablo Messiez y con Fernanda Orazi. ¿Qué vínculos existen en este trío?
En la vida somos amigos, pero, además, son dos personas a las que admiro y quiero mucho. Es estimulante trabajar con ellos, es enriquecedor siempre. Compartimos una forma de encarar el trabajo. Tenemos un código común. Eso ayuda mucho.
• Es actriz y cantante. ¿Es imposible separar ambas facetas o es más actriz que cantante o viceversa?
• ¿Qué tiene de especial este texto de Pablo Messiez?
Es un texto lleno de poesía y de belleza y en estos tiempos que corren la poesía se hace muy necesaria. Es urgente narrar, decir, contar, expresar, gritar... las historias con poesía.
• Da vida a Pablo...
Es un hombre sencillo, de campo, de la tierra, sin grandes ambiciones en la vida. Es ciego de nacimiento y esto le hace ser muy diferente al resto de los mortales que sí ven. Y está muy enamorado...
• ¿Cómo ha trabajado su papel?
Con mucha observación. He recibido la gran ayuda de la ONCE y especialmente de Marina; ella es la que me ha asesorado y enseñado y la que ha hecho posible mis encuentros con todos los ciegos. Ellos a su vez me han dado las pistas y espero que la inspiración necesaria para interpretar a un ciego creíble y verdadero.
• ¿Por qué hay que ver “Los ojos”?
Porque hay humor, drama, violencia, poesía... Porque es lo nuevo de Pablo Messiez y su teatro siempre es interesante.
Es una reconocida oftalmóloga, inteligente, fascinada y esclava de su trabajo; mujer mental, tímida y solitaria a la que la vida no termina de irle ‘bien’.
• Ella dice que lo ha aprendido todo de las canciones y de las películas…
Todo lo emocional sí. Ella busca respuestas acerca del sentido de la vida y en lo poético las encuentra. El mundo científico, en el que ella puso tantas esperanzas de comprender el sentido de la existencia, le decepcionó.
• ¿Con qué sensaciones cree que saldrá el público de ver “Los ojos”?
Con ganas de abrazar a su origen, a sus seres más queridos, a sus ‘yoes’ más auténticos y esenciales. Ojalá salgan con el estímulo de ser más ellos y poder ver más al otro.
• El texto de Pablo Messiez habla, entre otras cosas, de la búsqueda de un lugar en el mundo. ¿Violeta Pérez ya ha encontrado el suyo?
Mi casa es mi ser, cuando estoy en él cualquier lugar es mi lugar.
•Segunda temporada para esta cena de idiotas. ¿Cómo se enfrentan a ella?
Con la misma ilusión que hace un año. El público paga lo mismo y tiene derecho a ver la misma función que al principio.
• Es actor y productor de la obra. ¿Qué tiene “La cena de los idiotas”?
Es un clásico del teatro de comedia que, revisada cada ciertos años, siempre está vigente.
• ¿Es parecido nuestro humor al francés o han adaptado los localismos?
Siempre es conveniente adaptar, por los localismos y por el paso del tiempo.
• Su personaje es el Pierre Brochant de la película, un ‘cabroncete’ que hará desternillar de risa. ¿Se parece a usted?
En nada. Sólo en que juega al golf, pero seguro que él juega peor que yo...
• Se sitúa sobre el escenario junto a, entre otros, dos grandes de la comedia como Agustín Jiménez y Félix Álvarez, lo cual allana siempre el camino...
Esto ayuda y mucho. Sobre todo, el público lo agradece, somos tres personalidades distintas y eso siempre enriquece.
• Aparte de sobre las tablas, ¿ha tenido que cenar con muchos idiotas?
En alguna ocasión, pero no voy a dar nombres obviamente...
• Ha dicho que se siente “actor cómico sobre cualquier otra cosa”. Lo de hacer llorar también, pero sólo de risa…
Estoy muy cómodo haciendo comedia y seguiré así mientras el cuerpo me lo pida. ¡Me gusta hacer feliz a la gente!
• ¿Por qué cree que la comedia, siendo un género tan difícil, siempre está supeditada a la grandiosidad del drama?
Ni lo sé ni me importa. Hubo una época en la que me hacía reiteradamente esa pregunta y nunca tuve respuesta. Ahora me da igual.
• Actualmente concursa en televisión en “Tu cara me suena”. ¿Era la canción una habilidad oculta?
Mi abuelo era un gran músico que pasó a la historia contemporánea de la música española, por eso creo que, al menos, oído sí tengo. Pero la verdad, cantar no creo que cante muy allá que te voy... Aunque debo reconocer que me gusta hacerlo, lo paso muy bien con todos mis compañeros.
• ¿Otros proyectos entre manos?
Una serie de humor por estrenar en Antena 3 que se llama “Señoras que...” que protagonizamos Carlos Latre, David Fernández, Jordi Ríos y yo.