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A punto de cumplir 50 años al frente de Els Joglars y actual director de los Teatros del Canal. Este barcelonés admirador de Josep Plá fue alumno del Instituto de Teatro en España, continuó sus estudios becado en Francia y fue el fundador de la Agrupación Dramática de Barcelona. En 1962 creó su compañía y desde entonces ha mantenido que el teatro es primero diversión y luego reflexión. O viceversa.
• ¿Por qué han elegido el nombre de “2036 Omena-G” para celebrar sus 50 años como compañía?
El título del montaje está escrito en lenguaje SMS, ya que nos parece muy posible que, dentro de 25 años, el español que hablaremos tenga mucho que ver con esta forma de escritura.
• Han definido esta función como un ‘antihomenaje’ de su futuro 25 aniversario…
Es un antihomenaje porque son los propios actores los que hacen de unos futuros ellos mismos en una edad como mínimo decrépita. Esto hace que sea divertido y cruel al mismo tiempo y que vaya en contra de lo que les suele gustar a los actores: en esta obra no salen ni más jóvenes ni más guapos.
• ¿Hablar del futuro aumenta la nostalgia por el pasado?
Sobre todo lo que aumenta es la incomprensión. Cualquier persona que avanza unos años en la vida y se aleja de la juventud empieza a desligarse del mundo que le rodea.
• ¿Eso se traduce en un humor, algo agridulce?
Sí. Como habitualmente ha hecho Els Joglars, tratamos humorísticamente las situaciones trágicas de la vida con una gran dosis de humor negro y cruel.
• “Nadar a contracorriente de la corrección” se ha definido como su lema. ¿Contra qué correcciones políticamente correctas están nadando ahora?
Els Joglars ha estado siempre enfrentado con el poder. Y éste no siempre ha de ser una figura política. El poder, con el tiempo, va cambiando de lugar. La clave es saber dónde se encuentra ese poder en cada momento. Creo que la “generación progre” es uno de los poderes actuales. Ese mundo de las conciencias del “buenismo” y de la secta que se genera de esa gente que cree tener la razón y la verdad absoluta.
•Hace un año declaró a nuestra revista que su mayor deseo para la nueva etapa profesional que comenzaba como director de los Teatros del Canal era conseguir que el público fuera al teatro y lo consiguió ampliamente. ¿Cuál es su deseo para este año?
Siendo práctico entiendo que lo que ahora se está llamando “la crisis” puede afectar a muchas iniciativas teatrales, al mundo de la contratación y a la nuevas iniciativas. Esperemos que este estado sea transitorio, porque si se estanca, el teatro sufrirá un serio revés. Yo espero que la sociedad española entienda que la cultura no es una cosa de lujo ni que sea lo primero que se recorte en los presupuestos. La cultura y la distracción son algo esencial en la vida…
• ¿Cómo se siente un catalán dirigiendo los teatros de la Comunidad de Madrid?
Ante todo me siento español. Creo que ya estamos saturados de que nuestro lugar de nacimiento se convierta en una cuestión étnica. Me siento perfectamente en Madrid, igual que me encontraría en Sevilla o en París.
• Lleva ya más de un año dirigiendo los Teatros del Canal, ¿qué momento guardará en su mente de este año y cual querría olvidar?
En lo profesional prácticamente no he tenido ni un solo momento negativo. Con toda franqueza me lo he pasado muy bien. Todo lo que he visto en los escenarios del Canal me ha parecido de una gran dignidad. En relación a mi vida… Algunas veces tener 66 años es una lata. (Risas).
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