entrevistas
| Albert Vidal |
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| Historia de Juan, nacido de un oso |
| Octubre 2009 |
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• “Historia de Juan, nacido de un oso” es lo nuevo que trae a Madrid…
Es una historia que está hundida en la memoria colectiva no sólo de España, sino incluso de países del centro de Europa. Allá donde habían habitado osos hay siempre la tradición, la historia de un oso que raptó a una jovencita y la secuestró en su cueva perdida en la alta montaña. Es un mito que está arraigado en el subconsciente colectivo europeo y muy concretamente ibérico.
• ¿Un mito arraigado en el subconsciente colectivo europeo?
La historia socava en las raíces de la tradición oral de la Península Ibérica. El espectáculo empieza con una charrada de Salamanca y a partir de ahí hay referencias a músicas y a ritmos, la mayoría anónimos, que se adaptaron para una lectura contemporánea, pero que hunden sus raíces también en los arquetipos.
• ¿Es Juan un arquetipo entonces?
Juan es un arquetipo, es el símbolo de la bondad de la fuerza. La última frase que canto en el espectáculo dice: “un hombre demasiado original y diferente a todos”.
• Demasiado original y diferente a todos podría ser una definición que represente bien a Albert Vidal…
Estamos en un momento de total decadencia humanista y esto nos conduce a una decadencia del público, de los medios de expresión, de los artistas, de todo. Me siento como un zombi en esta sociedad porque siempre he respondido a unas inquietudes muy interiores que se manifiestan en resultados que el público digiere y acepta al cabo de veinte años.
• Pero ahí siguen sus espectáculos…
Mi trabajo es arte mayor. Éste, subtitulado como teatro musical a la antigua, es una reflexión sobre las raíces puras e internas del signo teatral. Me resulta urgente hacer una llamada hacia los ejes fundamentales del arte del teatro del cual soy devoto practicante.
• Pero, ¿el problema es del público o de los artistas que no arriesgan?
Los artistas reaccionan a lo que el público les pide, menos algunos como yo. No soy un ser del público para nada. En este sentido tengo el orgullo y la conciencia del demiurgo, del chamán. No soy un artista lacayo, me gusta el artista guerrero.
• En medio de este panorama, usted vuelve a Madrid con una nueva cara…
Ésta es la 58º producción que escribo, dirijo e interpreto. Es una evolución. Si fuera pintor sería más del palo de Picasso que del de Miró. Me podía haber quedado colgado con “El hombre urbano“ o con “El bufón”, pero, como a Picasso, me gusta autodestruirme, desaparecer irracional-mente cuando las cosas van bien porque es una necesidad interior de búsqueda.
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