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• Es el dueño del karaoke en el que se reúnen estos cuatro ‘perdedores’. ¿Cuál es el problema que arrastra su personaje?
Tiene una tara física: tiene un miembro desproporcionado. Esto que parece que a cualquiera le pudiera gustar, a él le ha traído muchas desgracias en la vida. Entonces decide venir a la ciudad para ser un ser anónimo y montar un karaoke porque él dice que por lo menos una canción, la canción de tu vida, te alegra la vida y te hace olvidar todos los problemas que tienes.
• Y su canción es...
Yo canto “Libre” de Nino Bravo. Recordar para olvidar.
• Incomunicación, problemas, miedos, sole-dad… ¿Es una obra triste?
No, para nada. Al final la gente siempre dice ‘jo, te vas a casa pensando y con un nudito en el estómago’, pero, por el contrario, es una comedia donde la gente se ríe muchísimo.
• ¿Ha pisado Ángel Pardo alguna vez algún karaoke?
Muy poco, no es una cosa que me entretenga, pero hubo un momento en la calle Echegaray donde había un sitio donde nos juntábamos varias generaciones de actores y al dueño un buen día le dio por poner un karaoke. Cuál fue la sorpresa que estábamos allí todos cantando todo el día (risas).
• Además de amansar a las fieras, la música puede servir también de tabla de salvación algunas veces...
Yo siempre pienso en los sordos, qué gran problema. Lo que te evoca la música en un momento determinado no lo vas a olvidar. Y luego hay varios momentos salpicados con esas músicas de nuestra vida que creo que, sobre todo, engrandecen el espíritu.
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