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Hemos quedado en una cafetería a media mañana. Cuando llego le veo sentado al fondo, vestido de negro como acostumbra, con ese aire enigmático y serio. A medida que avanza nuestra conversación me hace llegar su cercanía. “Yo no soy el personaje las 24 horas del día”, confiesa “el resto del tiempo soy José Luis”, como se llama en realidad este mago de la mente. Yo vengo dispuesta a no mantener ningún resquicio de mi pensamiento abierto pero no hay mente impenetrable para Anthony Blake.
•¿“Más Cerca” de qué o quién?
Del público. En el espectáculo anterior la gente me felicitaba pero me decía que se me veía muy lejano, por eso he querido que el público esté cerca, como tú y yo estamos en esta mesa ahora mismo. Es un homenaje también a los sitios pequeños donde yo empecé a actuar.
•¿Qué vamos a ver en su espectáculo?
He recogido los mejores momentos de mis actuaciones y les he hecho un lavado de cara, una mejora y una reinterpretación. Aunque el remate final es algo nuevo: alguien del público acabará leyéndome el pensamiento a mí.
•¿Es eso posible? Siempre he creído que era privilegio de unos pocos...
Es posible. Parafraseando a un maestro mío diré que el trabajo que yo hago es lo que haría un niño de cinco años con 30 de experiencia.
•Pero siempre dice que lo que vemos en sus espectáculos es producto de nuestra imaginación. Entonces ¿nada es real?
Es que lo que yo hago y lo que tú ves no tienen porque ser necesariamente lo mismo. Yo te ayudo a que tú creas en esas cosas haciéndotelas ver y tú las ves, las percibes, las sientes, o las recuerdas.
•¿Podría decirme lo que estoy pensando ahora mismo?
A. Blake: Vamos a hacer una cosa. Escríbeme en este folio el nombre popular de alguien conocido de la historia, el que tú quieras, y cuando lo tengas dóblalo y guardálo en tu mano.
A. Martí: mmm... Ya está.
A. Blake: Ahora piensa en imágenes que tengan que ver con esa persona... Escucho mucho ruido...Y veo una imagen que me resulta muy familiar... ¡La catedral de Oviedo!... ¿Hay algún color asociado a esa persona?
A. Martí: Puede haber algún color pero no sé exactamente cuál.
Blake anota en otro papel el color amarillo y azul. Dibuja una figura de un coche y acto seguido escribe algo que no me deja ver.
A. Blake: Dime en quién habías pensado.
A. Martí: En Fernando Alonso.
Me enseña el papel y eso era exactamente lo que había escrito.
•Estoy atónita, no sé qué decir... Aunque ya puestos si me adivinara el número de la lotería...
(Risas) Eso se hizo una vez en las Navidades del 2002-2003 y nunca más se volverá a hacer. Es la diferencia entre que el titular dijese “el año en que España cambió de pesetas a euros el mentalista Anthony Blake adivinó el número de la lotería de ese año” o “había un mentalista en España que todos los años adivinaba el número de la lotería y murió arruinado”.
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