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• ¿Qué es para usted “Purgatorio”?
Imagínate la persona que más daño te ha hecho en la vida; imagínate que tienes a esa persona a tu merced; le puedes dar el pase para que se reencarne, se redima o se olvide de todo eso. Pero imaginemos que esa persona es a la que tú más daño has hecho. Enciérralo en una habitación y tendrás “Purgatorio”.
• ¿Qué es lo que le llevó a escribir esta obra?
Siempre me he preguntado: una vez que tienes la confesión, una vez que tienes el culpable, una vez que alguien te ha hecho un daño terrible, ¿qué haces con esa persona? ¿Y si Hitler estuviera frente a ti, o la persona que detuvo a tu hijo, que te exilió, o que mató a tu mejor amigo, alguien que te arruinó la vida? Mi respuesta era siempre: yo no buscaría castigar, sino poner a esa persona frente a frente con su víctima. No me interesa que el ciclo de enfrentamiento continúe, porque lo importante es cómo superamos el odio y la rivalidad.
• ¿Por qué eligió a dos personajes de carácter mitológico para contar su historia?
Me imaginaba un más allá en el que se interrogaban dos personas, pero que la persona interrogada desconocía la identidad del otro. Además, me interesaba mucho el personaje y la vida de Medea, la mujer que mata a sus hijos con tanta furia que termina quemándose como un mito en la memoria de la humanidad. Cuando empecé a escribir “Purgatorio”, sólo tenía un hombre y una mujer…. De repente me di cuenta de quiénes eran y desde ahí pude ir armando algunas preguntas fundamentales: ¿Es posible la redención? ¿El amor sobrevive a la tragedia…? ¿Cómo son las reglas del más allá? ¿Cómo se dobla y desdobla el tiempo en un lugar purgatorial?
• “Purgatorio” también nos habla de la historia del colonialismo...
Sí. Habitualmente los conquistadores suelen unirse a una mujer del pueblo local que acaba traicionando a los suyos para abrir el país al colonizador extranjero. Esa pareja suele tener hijos y, casi inevitablemente, después el hombre la abandona. Esto ha sucedido una y otra vez en la Historia. Cuando finalmente el guerrero conquistador quiere establecerse con sus hijos legítimos, se casa con una aristócrata de su propia sangre, y abandona a la que no es de su estirpe. La obra nos cuestiona respecto al encuentro de diferentes culturas, pero siempre desde una perspectiva oblicua y no abiertamente política, sin imponer un punto de vista de condena o denuncia.
• ¿Cuánto tiempo tardó en escribir “Purgatorio”?
El proceso de escribir la obra, con su estructura, el juego del tiempo y de identidades, duró dos semanas. Luego, otros cinco, seis, siete años para ir limando. Este es el texto de todos los que he escrito en el que más se me escondían los personajes, se resbalaban, se enojaban cuando no debían, jugaban conmigo. Ha sido un proceso muy largo hasta que esta obra estuviese lista. La escribí en inglés primero y luego, casi enseguida, la reescribí en castellano. Es un proceso frecuente para alguien bilingüe como lo soy yo (o Viggo).
• ¿”Purgatorio” es un thriller teatral?
Me gustan los thriller porque me encanta que el público tenga que trabajar como lo hice yo para entender de qué se trataba todo esto que estamos viendo. Cuando escribo una obra no sé como va a terminar, y como yo estoy deseando saber, espero que el público comparta ese mismo deseo. Esta obra revela un lento proceso de desenmascaramiento, de rasgar uno a uno los velos que nos separan de la verdad. Al final, los dos personajes van a estar frente a frente. Todo el texto se armó para que ese proceso sea un desafío, para que el público haga lo mismo con su propia vida, se haga preguntas parecidas a las que se hacen ese hombre y esa mujer.
• ¿Es posible que el ciclo de violencia y odio termine alguna vez?
Creo en el teatro que provoca algo dentro de cada espectador y esta obra nos pregunta: ¿Somos capaces de trabajar con los otros para terminar con el ciclo de odio? En ese sentido, la obra es una provocación. No miente sobre las dificultades. Creo que en esta obra hay momentos en los que se abre un abismo, tiene algo de mareo metafísico y existencial, la idea que la cosa sigue y sigue y sigue. Cuando yo soy capaz de traducir esa sensación a palabras, entonces, tengo la esperanza de que estoy acompañado, soy parte, digamos, de una comunidad. Estamos juntos enfrentándonos a la idea de eternidad. Todo es tolerable menos la soledad absoluta.
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