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Ganador del Premio de Cultura Europeo 2009, es uno de nuestros directores de escena mas internacionales. Célebre por su personal visión de las óperas clásicas, actualmente dirige el Teatro Romea, proclama la imaginación como la mejor arma en su “Don Carlos” y tiene la agenda repleta hasta dentro de cuatro años.
• ¿Qué tiene “Don Carlos” para que haya decidido llevarlo a escena?
Se trata de un encargo del Festival de Mannheim. Ellos me propusieron hacer un “Don Carlos” para abrir el festival en alemán. Pero yo pensé que, siendo un tema español, sería una buena idea hacerlo con el Teatro Romea y con actores españoles; fue así como nació el proyecto.
• ¿Qué es, para usted, lo que cuenta?
Para mí “Don Carlos” habla sobre la libertad de pensamiento y de acción. En tiempos de crisis, ya dijo Einstein, es necesario tener mucha imaginación… Esta obra nos habla sobre cómo el poder esconde sus cadáveres y se sustenta en el crimen. Y hay un paso más: en un tiempo de autocensura, no hay que tener miedo en hacer lo que dicte la imaginación.
• El leitmotiv de la libertad es fundamental para entender este “Don Carlos”. ¿Quién la representa?
El propio don Carlos. Pero, con tanta influencia histórica, me costó representarlo sólo como un héroe romántico. He intentado transmitir su rebelión hormonal, esa fuerza joven que se rebela contra su padre difícilmente controlable.
• ¿Una obra antiespañolista?
Yo no me atrevería a decir que es una obra antiespañola, más bien que se trata de una obra antiinquisitoria, anticatólica y muy prorepublicana ya que Schiller había sufrido mucho el autoritarismo. Si me preguntas sobre la leyenda negra española, te diré que es bastante merecida. España era, en aquel periodo y salvando las distancias, como Estados Unidos en el momento presente.
• Hipólito hablaba de la diferencia con el montaje de José Carlos Plaza realizado hace justo 30 años, más centrado en lo argumental…
Soy demasiado joven para haberlo visto, en aquella época hacía teatro con el colegio (Risas). Me imagino que, siendo épocas distintas, mi ópera es más surrealista que la anterior. Para mí es una obra casi soñada en la libertad de los sueños o de la pintura abstracta. No me interesa el culebrón o el hacer una obra “televisiva”, sino la belleza del texto y el impacto de las imágenes.
• ¿Por qué ha decidido que Hipólito interprete a Felipe II 30 años después?
Era perfecto. Tiene algo muy sobrio, un carisma para hacer una especie de personaje presidente de Estados Unidos español. Es fácil caer en un Felipe II gris y aburrido pero él logra interpretar un ser con muchas facetas. Felipe II fue el primer gran político moderno: centralista, cruel, burócrata, tenía en sus manos el imperio más grande del mundo y cultivaba su propio huerto...
• ¿Cree que aún queda en España esta nostalgia de Imperio?
No, ya sólo queda en el fútbol (risas).
• Han comparado muchas veces sus propuestas escénicas con las de Tarantino…
Sí. Cada vez que trabajo en Inglaterra me hablan de Tarantino. Aunque sus películas me gustan me siento muy poco identificado. Le pusimos el subtítulo de “Misa surrealista pasodoble” porque tengo en la cabeza algo muy litúrgico, muy soñado, muy libre, muy anárquico, con muchas imágenes de la España de ahora, de ayer, de la transición.
• ¿Por qué le interesa tanto la ópera?
Porque necesito trabajar con música. Es un medio de expresión que me resulta familiar. “Don Carlos”, por ejemplo, me pareció que podía ser como un poema con partes cantadas y con réquiems.
• Hace unas semanas se le concedió el Premio de Cultura Europeo, ¿se siente más querido fuera de su país?
No me siento maltratado en mi país, es como es…
• ¿Dónde se siente más cómodo?
Trabajo mucho más tiempo fuera. A veces me pasa un poco como a Falla: cuando estoy fuera proclamo que soy español, pero cuando estoy en España pienso: ¡yo soy europeo! (Risas). Pero soy un privilegiado, puedo hacer lo que quiera tanto aquí como fuera. Además, España no es especialmente cariñosa con las personas que trabajan fuera.
• ¿Qué premio no le gustaría recibir?
Cualquiera en el que no estuviera presen-te, prefiero que no me den ningún premio póstumo. (Risas) Los demás, ¡bienvenidos sean!
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