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entrevistas

Claudio Tolcachir Descargar PDF
Tercer cuerpo
Noviembre 2009
 
 


Con sólo 34 años, ya lleva cerca de 20 dedicado al teatro en cuerpo y alma. Fundador y profestor del famoso grupo Timbre 4, tiene experiencia en actuación, dirección, escenografía, canto y acrobacia. Un hombre formado en los circuitos alternativos bonaerenses que combina en sus obras buenas dosis de ágil y mordaz escritura con una sutil dirección de actores.

¿Qué es Timbre Cuatro?

Es un espacio muy chiquitito del fondo de una casa que poco a poco fuimos transformando en teatro. La idea era crear un espacio donde desarrollar nuestra vocación teatral. Así surgió “La Familia Coleman” y la mayoría con los actores fundacionales de la compañía. Se inauguró durante el corralito, época en la cual se hicieron muchas salas independientes en casas, garajes, sótanos… En cualquier lado se abría un espacio…

En ese ambiente tan fértil, cuando era casi un niño llegó a trabajar con Alejandra Boero, una de las grandes fundadoras del teatro independiente en Buenos Aires.

De chico estudié con ella porque era un enfermo del teatro, era mi única forma de relacionarme con el mundo porque yo era muy tímido. Un nenito pelirrojo, flaquito que miraba a escondidas el escenario cuando estaba la puerta abierta… ¡Al final me puso de asistente de dirección con quince años!

Sus personajes son tan reales que muchas veces uno parece no darse cuenta de que están siendo interpretados por un actor…

En la composición de los personajes busco que nunca esté la actuación por delante del personaje mismo... Nada tiene que estar por delante de nada. Ni el texto por delante de la puesta en escena, ni la escenografía por delante de los actores... Lo bueno es tratar de que esté todo tan bien que no te des cuenta de cómo te llevaron por ese viaje. Esa es la búsqueda.

Antes de dar el salto a los grandes teatros del mundo ya eran muy conocidos en Buenos Aires.

Por suerte contamos en Buenos Aires con un público muy asiduo al teatro independiente que a veces en proporción va más al teatro independiente que al teatro comercial. Las salas chicas se llenan y la gente va a salas rarísimas a ver a gente que no conocen. Eso es algo que heredamos de décadas y décadas de teatro con propuestas totalmente distintas.

¿Por qué tantos estudiantes de psicología van a ver sus espectáculos?

(Risas) Yo particularmente nunca me psicoanalicé ni soy un experto en eso. Entre los psicólogos se producen grandes debates sobre si somos lacanianos o pichon bribière… En mi opinión sólo es sentido común. ¿Qué pasa si te pones a pensar en el mundo que hay detrás de cada persona que te cruzas? Un mundo de dolor, amor, de comidas y de abuelas.

Pensando en la situación económica actual, ¿cómo se enfrenta el teatro con la realidad?

Es una forma de resistencia. Mi forma de generar futuro, esperanza, hablar de lo que me preocupa y de comunicarme con los demás es el teatro. Eso no quita que no pueda ir a protestar a la calle cuando no estoy de acuerdo con una cosa. Por suerte el teatro me lo permite: con dos sillas y cuatro que se sienten a mirarnos. Creo que el teatro crece en las crisis porque es un lugar para encontrarse con lo vivo, con los sentimientos, para comunicarse y ayudarse a pensar.

¿Cuál es su dramaturgo favorito?

Chéjov y Beckett, los dos juntos. Chéjov es una locura, no se puede creer que haya sido tan humano, tan brillante para escribir universos tan complejos. Y Beckett… Hablan de lo mismo. Entre el Moscú de “Las Tres Hermanas” y el “Esperando a Godot” tan solo hay unas cuadras de distancia.

¿Qué proyectos futuros puede avanzarnos?

Seguimos dando clase y en mayo del año que viene abrimos un local más grande en una antigua fábrica de sillas. Actualmente estoy escribiendo una nueva obra para Timbre 4. Me encuentro en la parte angustiosa de la página en blanco...


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