entrevistas
| Claudio Tolcachir |
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| Todos eran mis hijos |
| Septiembre 2010 |
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Tras el éxito de público y crítica de “Tercer cuerpo” y “La omisión de la familia Coleman” el director argentino fundador y profesor del famoso grupo Timbre 4 regresa de nuevo al Teatro Español esta vez con actores españoles y con un texto de Arthur Miller.
• Tras “La omisión de la familia Coleman” y “Tercer cuerpo”, ¿por qué ha decidido dirigir una obra de otro autor?
En “La omisión” y en “Tercer Cuerpo” trabajé con mi grupo de trabajo, Timbre 4, y quise escribir yo el propio texto; pero la mayor parte de mi trabajo como director ha sido hecho al servicio de un autor que me conmueva. Este texto de Arthur Miller era perfecto: apasionado, con una estructura magistral y un ritmo donde los momentos de tensión y de relajación están perfectamente medidos.
• ¿Qué destacaría de la escritura de Miller? ¿Qué similitudes y diferencias encuentra con la suya?
A la hora de decidir qué dirigir elijo una obra que me enamore y mantengo una relación de respecto y admiración por el autor, no de competencia. Hemos hecho un trabajo bastante detallista con la versión, haciéndola lo más sintética posible para que todo sucediera en una hora y media y manteniendo su espíritu de lenguaje popular. Esta obra está repleta de personajes modernos, humanos, contradictorios y queribles. Uno puede identificarse con la familia, podrían ser tus vecinos.
• ¿Ha seguido el mismo método actoral en este montaje que con su grupo habitual de trabajo, Timbre 4?
Este aspecto era un gran desafío. Afortunadamente se trata de un elenco superior, de gran talento y de una disciplina actoral inmensa. Todos se encuentran atravesados por la obra y saben aportar sutileza, naturalidad y entrega a los personajes. Ha sido muy fácil trabajar con ellos y el trato humano es estupendo.
• Además del montaje, impartirá durante una semana un taller para actores, ¿cómo se plantea esta experiencia?
Es una experiencia excitante y que a la vez me da muchos nervios. Es el tercer taller que doy en Madrid y mi objetivo es ayudar a los actores a que encuentren las herramientoas para construir a los personajes desde el deseo, la verdad y la relajación; que puedan confiar en el tiempo y en el proceso para construir un personaje.
• “Los Corderos” de Veronesse, el próximo montaje de Rodrigo García en el CDN… ¿A qué cree que se debe el auge de la dramaturgia y la dirección argentina en España?
No lo sé. En Argentina hay una pasión muy grande por el teatro. Habitualmente se hace sin ningún interés económico y se hace teatro en cualquier piso, esquina o almacén… Hay mucho amor por el actor y por darle a éste el primer plano para hacer las historias lo más humanas posibles.
• ¿Por qué piensa que en Buenos Aires hay tanto movimiento alternativo teatral y no tanto en Madrid, pese a las similitudes?
En Buenos Aires el teatro independiente fue un refugio para las ideas en momentos de crisis y dictadura. Es un lugar para encontrarse con los otros, emocionarse, pensar e imaginar. Nadie se queda con las ganas de hacer teatro, sino que lo hace. De todo este gran número de propuestas surgen muchas cosas buenas. De todos modos, creo que a Madrid le queda muy poco para que suceda lo mismo, hay muchas ganas…
• Hace un tiempo comentó a nuestra revista que estaba iniciando un nuevo texto, ¿puede avanzarnos algo más?
Sí, ¡ya atravesé la dificultad del papel en blanco! La obra nueva se llama “El viento en un violín” y tendrá el mismo equipo que en “La familia Coleman”, se estrenará en el Festival de Otoño de París y vendrá aquí en mayo.
• ¿Echa de menos su faceta de actor?
Muchísimo… Actuar es jugar y volar, entregarse al personaje y sumergirse en el texto. El trabajo del director es distinto, tienes que estar atento a demasiadas cosas. De momento es complicado poder comprometerme en un proyecto actoral, debido a los viajes, pero espero que la oportunidad llegue pronto.
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