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• ¿Cómo está siendo este cara a cara con Eduardo de Filippo?
Es una maravilla. Eduardo de Filippo era actor y eso se nota en la arquitectura del texto. Es muy placentero para trabajar y para investigar. Y luego me conecta con algo muy familiar: mis abuelos eran italianos, de muy cerca de Nápoles. Siento que esta obra tiene que ver conmigo y yo con ella.
• Interpreta a Ludovico. ¿Quién es?
Imagínate el gran viajero que ha recorrido el mundo con su pequeño velero. Es alguien de mucha sabiduría, mucha humanidad, con un sentido de la justicia muy fuerte. Tiene algo del Tartufo de Molière.
• ¿Cómo es la relación de un personaje así con el resto de la familia?
Este tipo cae en una familia adinerada que se ha dedicado siempre a la filantropía y es como una bomba. Destapa todas las cosas podridas y secretos de esta familia.
• Ludovico Ribera irá descubriendo las maldades, mentiras y errores de esa familia. ¿Sigue existiendo cierto paralelismo con la actualidad?
Todo eso es la gran hipocresía que tiene que ver con el ayudar a los demás. En esencia tiene que ver con ese viejo ancestral impulso que tiene el hombre de someter al hombre. Eso es lo que Eduardo de Filippo desarrolla. Y me hacía pensar en los bancos, que te ayudan, pero te esclavizan, y en la política exterior de algunos países, que están ayudando al tercer mundo, pero también lo siguen sometiendo.
• ¿Cuánto hay de pura comedia y cuánto de crítica en esta obra?
La comedia está al servicio de lo que quiere contar el autor. Tiene una alquimia muy bue-na, porque no es ni una cosa ni otra. No es comedia por comedia, sino que tiene algo muy claro que decir.
• Estamos acostumbrados a verle sobre todo en la gran pantalla, pero de vez en cuando siente la necesidad de reencontrarse con el teatro. ¿Un actor no puede vivir sin él?
Yo desde luego no. Siento mi alma vinculada al teatro, es cuando disfruto realmente y cuando siento que me puedo desarrollar. En el cine siempre me quedo con una sensación de algo incompleto.
• Acaba de estrenar la película “Amigos” y se embarca en este montaje. ¿Qué tiene que tener un proyecto para que apueste por él?
Tengo que sentir que es un reto, que no sé si voy a ser capaz de hacerlo; tiene que tener misterio. Es como una intuición, que sienta que esa obra tiene algo que decirme, pero no sé muy bien qué es y lo descubriré junto con la gente que venga a verlo.
• En el texto hay una ‘herencia’ de por medio. ¿Qué herencia le gustaría dejar a los suyos a Ernesto Alterio?
Como gustarme, me gustaría dejarles mansiones (risas). Me gustaría dejar un camino despejado para los que me siguen, para que puedan elegir el suyo propio y no cargar con cosas mías.
• ¿El ser actor es una herencia de su padre o lo habría sido de todos modos?
Nunca lo sabremos, pero ha influido. Mi familia siempre ha estado vinculada al arte, cantantes, ¡hasta travestis hemos tenido! A principios del siglo pasado ‘La sirena de Chacarita’ le llamaban a mi tío (risas).
• ¿Algún otro proyecto?
Trabajos por estrenar, como la película de Roberto Santiago, “El sueño de Iván”.
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