entrevistas
Es uno de los actores más representativos de los primeros años de la democracia. Tras su gran éxito “Los Gozos y las Sombras” (1982),
ha trabajado con los directores más importantes de nuestro país. Desde “Martín Hache”, de Adolfo Aristarain, lo hemos podido ver en un sinfín de películas y también en teatro.
• ¿Cómo es el Edipo de Eusebio Poncela?
Espero que hagamos un Edipo muy conciso, muy sobrio y muy coherente. Este hombre es un investigador nato. De hecho, su amor a la investigación es lo que le va a llevar al desastre.
• ¿Qué hay de Edipo en Eusebio y de Eusebio en Edipo?
Me identifico mucho con su idea de no ser culpable, de no sentirse culpable por nada de lo que ha hecho, hace o hará porque es inútil, es perder el tiempo.
• Es un poco dejarlo al azar, el destino.
Sí, es el destino. Uno tiene que hacer las cosas lo mejor que pueda y si lo hace mal, es mejor que no haberlo hecho. Responsabilidad sí, el hacerse cargo también, pero no sentirse culpable ni ante sí mismo ni ante nadie.
• ¿Qué destacaría de este montaje?
El hecho de no calentar el texto, de no vaporizarlo en grandes gestos, sino todo lo contrario. Es enfriar el texto, que nazca un poco de dentro de ti porque de esa manera, es curioso, emocionas más al espectador que si lo hicieras con grandilocuencia. Éste es un montaje muy arriesgado y muy moderno.
• Da la sensación de que es un Edipo comedido...
No es comedido. Al principio, no es que sea arrogante, pero es un hombre con poder y luego lo vemos en el extremo opuesto, despojado de todo, pero no comedido.
• ¿Qué nos diría del trabajo del director?
Estoy dirigido al milímetro y es una cosa que me fascina y me siento muy seguro, porque, además, noto que dejan libre tu inteligencia como actor para poder confeccionar lo que te están diciendo. El marcaje es muy sugerente y muy sencillo, pero muy contundente.
• ¿Qué supone estrenar en el Matadero e ir después al Festival Grec y al de Teatro Clásico de Mérida?
La exposición es perfecta, porque hacemos Madrid, Barcelona y un festival internacional como es Mérida. Me apetecen mucho los tres sitios. Además, Legazpi es uno de los barrios de mi infancia, es más, uno de los múltiples colegios de los que me echaron por raro estaba enfrente del Matadero, así que me hace gracia volver después de tanto tiempo.
• Dice que le echaron del colegio por raro, ¿se definiría como un actor un tanto al margen, que va por libre?
Yo no me defino. Estoy al margen de los acontecimientos y avatares de esta profesión fuera de lo que es el trabajo: las fiestas, las reuniones, la mafia, los premios y la biblia en verso. Yo paso de todo eso y me lo hacen pagar, pero no me importa, yo ahí no entro.
• Pero hay proyectos futuros...
Voy a dirigir una película que aún hay que preproducir y luego rodar y antes tengo que hacer otra como actor después de esto y hasta ahí llego. Ya veremos.
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