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entrevistas

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Josep Maria Flotats
Febrero 2012
 
 


• Si en uno de sus últimos éxitos, “Encuentro de Descartes con Pascal joven”, son dos filósofos los que se encuentran, en “La mecedora” son tres personajes del mundo editorial. ¿De qué nos habla este texto?

“La mecedora” habla del mundo editorial, de la cultura, de qué dirección toma el contenido del libro impreso y del libro digital; habla del mercado y habla también de esa sociedad sin piedad que retira a la gente cuando tiene la experiencia suficiente precisamente para dirigir bien las cosas en nombre de una juventud a veces inexperimentada.

• ¿Cuál es realmente el mensaje que nos manda Brisville?

Es una metáfora sobre la vida, sobre el camino, sobre la construcción del hombre, que a lo largo de los años se va construyendo gracias al saber de lo heredado. Si podemos pensar en un futuro es gracias a un pasado y la referencia del pasado es el camino que hay que seguir y cuando hay grandes terremotos que cortan los caminos son epidemias graves que hay que superar.

• La supremacía del mercado, el desprecio por la calidad… Son temas que nos suenan mucho, pero ¿el teatro de hoy está a salvo de todo eso o es algo inherente a su día a día?

El teatro forma parte de la sociedad y respira lo que respira la sociedad. Un teatro contemporáneo y un teatro yo diría curioso, activo y vivo es un teatro que refleja las cualidades y los defectos de la sociedad y el momento. No toda la gente de teatro es igual, pero hay una gente de teatro que apuesta siempre por la calidad y otra gente del teatro que a lo mejor piensan sólo en lo comercial. El mundo del teatro no es una unidad pensante igual ni mucho menos.

• Hace casi doce años, charlábamos con usted sobre su vida y su trabajo. Hagamos balance de esta última década… ¿Han cambiado el teatro y el público en estos diez años?

El público va cambiando porque los seres humanos cambiamos. Y el teatro también va cambiando. El cambio del teatro hoy en día es quizás que vuelve hacia un teatro de texto de peso. A pesar de tantos musicales y de espectáculos donde el texto es secundario, el público vuelve a pedir y exigir un teatro en el que el verbo sea el protagonista. Naturalmente lo mejor servido, lo mejor dirigido, pero que el texto sea el protagonista. Yo creo que estamos volviendo a eso.

• Y Josep Maria Flotats, ¿ha cambiado en estos diez años?

Seguramente que he cambiado, pero sigo apostando por el teatro de texto y la belleza del lenguaje en el escenario.

• Entonces nos decía que el sentido de su vida era el teatro, que vivía por, para y gracias al teatro. Con los años, ¿sigue pensando igual?

No sigo pensando, sigo viviendo igual (risas) y dando las gracias al teatro.

• Ahora Flotats es un magnífico ejemplo en el que se miran actores y directores, pero ¿quiénes son los referentes del ahora maestro?

He tenido la suerte de tener unos maestros geniales y extraordinarios de los que he aprendido todo. Para empezar mis maestros en la Escuela de Estrasburgo, que eran una gente magnífica, grandes profesionales y con gran talento pedagógico. Luego he tenido la suerte de entrar directamente ya en el Teatro Nacional Popular Francés con George Wilson y ahí empezar a trabajar con él y con grandes actores: tener a María Casares al lado en el escenario es la lotería de Navidad (risas). He tenido la suerte de trabajar luego, al entrar en el Théâtre de la Ville, con Jean Mercure y después con el gran Jean-Louis Barrault, Jorge Lavelli… Tuve grandes grandes directores de teatro y grandes actores de partenaire y ya no digo al entrar en la Comédie Française. Venían los mejores directores del mundo a dirigir obras de teatro y estabas allí trabajando con ellos. He tenido mucha suerte...

• ¿Qué es imperdonable en escena?

No merecerla –dice rotundo–, estar en escena sin haber trabajado, eso es pecado mortal. Subir a un escenario es un acto de pretensión increíble, pensar que uno se va a subir a un escenario y va a conseguir que el público lo escuche y lo mire es de una pedantería patológica. La única manera de que no sea un pecado es merecerlo. ¿Y cómo se merece? Trabajando, trabajando, trabajando… Y sólo cuando se ha trabajado muchísimo uno puede humildemente subirse a un escenario e intentar dialogar.

• Helio Pedregal nos decía que cada vez se siente más inseguro por el compromiso adquirido a lo largo de los años con la profesión. ¿Le ocurre lo mismo a Josep Maria Flotats?

Cuanto más adelante, tengo la sensación de que cada vez es peor, cada vez la angustia es más grande. Yo pensaba que con los años se calmaría y no (risas).

• ¿Cuál es ahora el sueño de Josep Maria Flotats?

Mi sueño es poder seguir haciendo el teatro que me gusta y, por ahora, toco madera, sigo haciéndolo.

• Una obra que nunca hizo y que le gustaría hacer…

Hay una obra que me quedó colgada... Tenía un proyecto con Strehler del Piccolo de Milán. Cuando vino a ver el Teatro Nacional, él quería hacer un “Hamlet”, pero era el año antes de que muriera. Le dije que yo ya era mayor para Hamlet y me dijo que un personaje que dice lo que dice como Hamlet no puede ser un chico joven, tiene que ser forzosamente un intelectual ya con unos ciertos años de experiencia y de vida. Desgraciadamente murió y yo sé que no haré nunca Hamlet.

• Y una obra que ya haya hecho, pero que le gustaría volver a hacer…

Varias, me gustaría volver a montar “Ángeles en América”, “El despertar de la primavera”, un “Misántropo”... ¿Por qué? Probablemente para ir en la misma dirección, pero con ciertos cambios.


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