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entrevistas

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Pedro Casablanc
Enero 2012
 
 


• José Saramago definió el texto como “un alegato impresionante contra las perversiones de espíritu que pueden hacer del hombre, demasiadas veces por desgracia, el más feroz de los animales”. ¿Coincide con esa opinión?

Sí, estoy de acuerdo. Estamos hablando de un terrorista, de un tipo marginado de la sociedad y un asesino en serie. Está siendo torturado, todos los derechos humanos los tiene aniquilados en ese momento y lo único que le queda es la palabra. Aunque sea una bestia, un animal, un monstruo tenemos la obligación de escucharle.

• Alguien capaz de asesinar fríamente, pero también un ser humano… ¿Cómo resuelve este dilema el texto de Javier Ortiz?

No resuelve nada, sólo plantea interrogantes ante una situación muy complicada, que es que un terrorista ponga una bomba en medio de una plaza con un plazo determinado. Plantea si sería legal torturarlo o no para sacarle información. Sabemos que muchos gobiernos lo hacen con motivos secretos. Un caso tan extremo sería un caso de excepcionalidad para torturar, ¿sí o no? Es una cuestión muy moral.

• ¿Pedro Casablanc tiene respuesta para esa pregunta?

De una manera fría y objetiva, diría que no es lícito, pero hay que verse en la situación. ¿Qué pasaría si tuviésemos un hijo en esa plaza donde va a estallar una bomba? ¿Se puede torturar a los que han hecho desaparecer a tu hija y no te dicen dónde está? No soy el más indicado para dar respuesta a eso, simplemente como actor planteo esos interrogantes.

• ¿Qué es lo primero que se le pasó por la cabeza después de enfrentarse a este texto por primera vez?

La enorme dificultad que plantea: es mucho texto y es la primera vez que me enfrento a un monólogo. El reto es lo que siempre me atrae de un texto, pero me produjo cierta zozobra ver el tema que trataba y la implicación personal que había que hacer. Pero me lo propuso Carles Alfaro, que es el director y a quien respeto muchísimo, y sabía que su nivel de exigencia no me iba a permitir hacer cualquier cosa.

• Ha dicho que éste ha sido uno de los grandes retos de su carrera teatral. En el plano físico ha sido complicado…

Sí, es complicado, pero, al final, ha resultado muy satisfactorio y muy gozoso. Estoy durante la hora y cuarto que dura el monólogo encerrado en una caja de cristal, esposado de pies y manos y desnudo. ¡Me faltan pirañas que me estén comiendo los pies! (Risas). El trabajo físico también es importante, pero creo que lo requiere y que forma parte de la situación del personaje.

• Asesinos, terrorismo, tortura... ¿Con qué sensaciones sale el público?

Hasta ahora no hemos tenido ningún abucheo ni ninguna manifestación, que sería completamente lícita. Es un texto que levanta ampollas y que puede tener partidarios y detractores de una manera muy ferviente. Hasta ahora he tenido un público muy educado, muy cívico, que ha aguantado hasta el final. La gente sale muy tocada. Es un espectáculo que les hace replantearse muchas cosas.


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