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Entrevista a María Pagés por Una oda al tiempo

Publicado el 01 de Abril de 2018

Entrevista a María Pagés por Una oda al tiempo

Obra: Una oda al tiempo

 Es una alegoría sobre el tiempo que nos ha tocado vivir, con sus guerras, sus crisis, sus terrorismos, sus ataques a la igualdad y también sus maravillosas posibilidades de felicidad… 

 “Ella baila y, bailando, mueve todo lo que la rodea. Ni el aire ni la tierra son iguales después de que María Pagés haya bailado”. Nadie mejor que José Saramago para ponerle palabras al genio y al duende que desprende esta artista sevillana que ha hecho de la danza y el flamenco su patria poética. En ella, Premio Nacional de Danza y Medalla al Mérito en las Bellas Artes, conviven con naturalidad la tradición flamenca más genuina y sus influencias gitanas, árabes, judías, africanas, americanas y occidentales con la exploración de ritmos contemporáneos. Ahora, en los Teatros del Canal, es ella quien narra el tiempo de la euforia, del amor, del deseo, de la exaltación de los sentidos y de la belleza, pero también el tiempo de la melancolía, del miedo, de la violencia… Charlamos con ella de este espectáculo y de su carrera.

“Ni el aire ni la tierra son iguales después de que María Pagés haya bailado”. Su lista de premios es innumerable, pero ¿cómo se le queda a una el cuerpo cuando dicen esto de ella?

El cuerpo queda bastante regular. Las cosas buenas como las malas que se dicen acaban siendo una gran responsabilidad vital. Algunas, como la que mencionas, emanan de la generosidad de la amistad. Saramago y Pilar, su esposa, han sido siempre unos grandes y exigentes defensores de sus amigos. Pero a lo largo de esta larga carrera, he oído y alguna vez he leído cosas mucho menos halagadoras. A todas las he recibido con respeto y humildad y de todas he aprendido algo. Creo que la crítica es necesaria porque nos sitúa en nuestra humanidad, que es lo que más importa.


¿Qué es “Una oda al tiempo”, cómo define el espectáculo y a qué nos enfrenta?

Una oda al tiempo es un trabajo que he creado junto a El Arbi El Harti, mi compañero sentimental y creativo. Es una coreografía flamenca sobre la contemporaneidad y sobre el continuo y necesario diálogo con la memoria. Plantea desde la tradición flamenca una reflexión sobre el presente en sus vertientes ética y artística. Se pregunta sobre lo qué está pasando en el mundo actual para que el arte se exprese como lo hace.  Revisa la luz y las inquietantes sombras que marcan nuestro tiempo y su devenir. Habla de lo efímero, la eternidad y de la implacable irreversibilidad del tiempo sobre el cuerpo, el deseo, el arte y la vida. En definitiva, es una alegoría sobre el tiempo que nos ha tocado vivir, con sus guerras, sus crisis, sus terrorismos, sus ataques a la igualdad y también sus maravillosas posibilidades de felicidad… 


¿Qué palos vamos a verla bailar sobre las tablas de los Teatros del Canal?

Desde el quejío primordial con que arranca el espectáculo en una corografía que hemos titulado Origen, la obra hace un recorrido transversal a través de los palos más importantes del flamenco. Trilla, tonás, seguiriyas, soleá, bulerías, alboreá, 
 alegrías,
 vidalita, milonga conviven en un relato dramatúrgico minuciosamente construido para que los palos de la tradición dialoguen con los lenguajes contemporáneos y generen un significado manteniendo siempre el equilibrio necesario para crear emoción y belleza estética. En definitiva, los palos flamencos nos sirven como soportes estéticos estupendos que la memoria cultural nos ofrece. Por medio de ellos hablamos de la contemporaneidad y sus diferentes rostros, subrayando el imperio del miedo sobre la exaltación y el entusiasmo, las sombras sobre la luz, el desamor sobre el amor, la sensación del cansancio de la libertad  sobre el vigor de la misma …


Creo que, además, el espectáculo incorpora reflexiones de grandes autores. Quédese con una, adelántenos una, la que primero le venga a la cabeza o la que más le guste…

Es un tema que hablamos mucho El Arbi y yo. En la obra están presentes las ideas de pensadores que han acompañado nuestra propia formación sentimental:   Yourcenar, Borges, Cage, Paz, Heidegger, Duchamps... Sin embargo, sin duda alguna nos quedamos con Platón y su alegoría de la caverna. Los humanos tendríamos que conocer continuamente de dónde venimos y plantearnos sin cesar las preguntas necesarias para definir nuestro camino al futuro. En este mismo momento, viendo lo que está pasando en el mundo, nos confirma que el único ser viviente que se tropieza una y otra vez con la misma piedra es el ser humano. Tenemos la impresión de que nos estamos jugando la mejor época de las utopías que ha conocido la humanidad y que en parte hemos tenido el privilegio de vivir.


Para The Washington Post es un diamante entre las divas del flamenco, ¿el éxito mundial le ha cambiado la vida? ¿Qué supone triunfar dentro y fuera de su país?

Me gusta lo que hago. No sabría vivir fuera de la danza y de las posibilidades que nos da para contar historias. Cada vez que entro a un teatro agradezco a la vida el honor que me ofrece de vivir instantes mágicos. No soy diva, ni sé lo que es.  Tengo claro que soy una trabajadora del arte.  Sobretodo tengo claro que estar en el centro de un proyecto es una gran responsabilidad.  Lo digo porque solo los que estamos en esta profesión sabemos las horas y el esfuerzo titánico que nos supone llegar a un teatro y levantar un telón.


¿Cuál podría ser alguna de las experiencias más alucinantes o más emocionantes que haya tenido bailando en cualquier parte del mundo?

Hace unos años sentí un pinchazo en el pie al acabar la función. No le di importancia hasta que intenté quitarme el zapato y me di cuenta de que no podía sacármelo. Lo intenté una y otra vez. Cada vez el dolor era más acuciante. Pedí ayuda y al final consiguieron arrancarlo y con él un chorro de sangre. Había bailado una hora con un clavo de casi dos centímetros en el pie y no me di cuenta. El baile tiene algo de sagrado. Nos transmuta y nos eleva a un mundo más próximo de la muerte que de la vida.


Si tuviese que decirle ‘gracias’ a alguien sin el que sabe que jamás habría llegado tan lejos, ¿a quién sería y por qué?

En eso no tengo ninguna duda, Gracias a El Arbi El Harti, mi compañero sentimental y creativo.   Me ha enseñado y me ha hecho descubrir las posibilidades que puede tener un camino, y además me acompaña en él.  Llevo toda la vida dedicada a mi vocación, mi profesión. Pero hay un antes y un después desde que lo conozco. Quizá una de sus aportaciones que más valoro es hacerme descubrir que lo que haces tiene posibilidades de crecer, de definirse, de enriquecerse en ideas y contenidos, de sincerarse, de ser más coherente, de dignificarse, de alcanzar ese nivel de compromiso que siempre he perseguido. La Danza flamenca es un camino que sigue necesitando de todo esto. Su aportación creo no es solo a nivel personal en los trabajos que hacemos juntos, su aportación como dramaturgo, como ideólogo, trasciende al Flamenco. Gracias a El Arbi, porque dejó su cátedra en la Universidad para acompañarme y asumir todo ésto y lo que conlleva. Hay un día a día que soportar a mi lado. Dirigimos juntos la compañía y la gestionamos juntos, Como puedes imaginar es una enorme dedicación y muchísimo esfuerzo. Está a mi lado, discreto, siempre al pie del cañón.


¿De dónde le viene el duende a María Pagés? Porque creo que su padre era profesor y su madre tenía una tienda… Y sin haberlo ‘mamado’, sin ser gitano, ¿es más difícil llegar lejos en el flamenco?

Mi padre es catedrático de matemáticas y mi madre, que hizo estudios de magisterio en los años 40, fue empresaria que con cinco hijos regentó varios proyectos a la vez. He nacido y he crecido en Sevilla, pero mi familia es catalana e ibicenca. Mi abuela que vivió 60 años en Sevilla a los ochenta años empezó a hablar catalán en Santa Cruz a todos.  Es verdad que por mis orígenes sociales y culturales nada me predestinaba al flamenco. Ahí radica precisamente la grandeza del flamenco. Es una casa hospitalaria abierta a quien quiera hacerla suya. El duende está en la vida mientras la toquemos, la manoseemos, la zapatéenos, la vivamos…el duende se ha presente cuando hay vida y voluntad de vivirla.


¿Aún pesa el purismo hoy?

Si y es necesario. Le tengo un gran respeto al purismo. Lo escucho y lo tengo en cuenta siempre. Crea la tensión intelectual necesaria para el crecimiento del flamenco cuando está bien argumentado. Lo que sí hay que hacer siempre por salud mental y por responsabilidad ética es distinguir entre el purismo que descansa sobre unas bases argumentales legítimas y el provincialismo cainita, que tiene como único objetivo abatir a quien se mueva. Hay que estar en alerta frente a cualquier tipo de inmovilismo.


Comenzó a bailar a los 4 años, antes de los 20 ya recorría el mundo y con apenas 26 formó su compañía. ¿Qué diría su personal oda al tiempo que ha vivido?

Tengo 54 años. Una oda al tiempo es también una reflexión que hemos hecho El Arbi Y yo sobre mi tiempo y mi historia. Es una manera de tomarle pulso a la vida y observar cómo afecta al cuerpo, qué valores le aporta a la sensibilidad, a la inteligencia, a la creatividad, al deseo, al amor, a mi feminidad.

Es una reflexión necesaria sobre lo que soy como bailaora y coreógrafa hoy. Y también cómo mujer, coincidiendo con un momento especial de mi propia vida y con unas circunstancias históricas bastante raras que conocemos las mujeres a nivel planetario. Tengo miedo de que los ruidos últimos sobre la mujer estén ocultando lo más importante: el derecho a ser iguales, la equidad, la justicia. La humanidad no puede mantener oculta a más de la mitad de su cuerpo y alma. No es viable, sobre todo cuando se sabe que hasta en las sociedades más conservadoras son las mujeres las que aseguran la supervivencia de sus familias. Trabajan, producen y mantienen sus familias.


Aparte de en los Teatros del Canal, ¿dónde más vamos a poder ver a María Pagés, tiene otros proyectos entre manos?

Nuestro paso por los Teatros del Canal es fundamental, abre la gira de la obra al mundo. Estaremos en el Baluarte, en el festival de Granada, Peralada, Baluarte, Campoamor, Bienal de Sevilla, les Nuits de Fourviere, Mont de Marsan, Festival de Edimburgo….

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